jueves, 1 de diciembre de 2016

EL INFINITO EN LA PALMA DE TU MANO

Avanzan los años en este siglo XXI y da la impresión de que la rueda del tiempo lo va engullendo todo y de que las viejas certezas que nos han sostenido durante años ya no están ahí. Pero seguimos vivos en las rutinas de siempre, como sin alma, como sin mística.

Sábato decía: “No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes en nada creen, pero también hay multitudes de seres humanos que trabajan y siguen en la espera, como centinelas”. Quizá no seamos tantos como “multitudes”, pero hay quienes nos interesa mirar, tratar de entender, preguntarnos por el sentido, por el camino que vamos andando.

Es la pregunta por la mística. Llevada al terreno de lo normal, la mística es lo que bulle debajo de la piel, los anhelos que aún laten, los porqué por los que nos movemos, lo que aún nos interesa, lo que nos hace emocionarnos, lo que nos estremece cuando lo vemos en otros, los ideales que se transforman pero se mantienen. La mística es algo que no se puede atrapar, pero totalmente necesario. Y creemos que se puede activar, que se puede de alguna manera cultivar.

Hay para quien la mística se ha reducido al sinsentido de ir viendo y rellenando huecos de tiempos de la mejor forma posible. Otros se han anclado en lo que les dio sentido en otra época. Otros lo buscan en el codo a codo de las manifestaciones multitudinarias sociales o religiosas. Hay quienes encuentran una salida en la sectarización social o religiosa. Pero de algún modo hay una búsqueda.

Creemos que Adviento, tiempo de anhelos, puede ser un buen espacio para reactivar la búsqueda de una mística que dimane de la vieja fuente de la Palabra mezclada a la fuente nueva del momento actual. Necesitamos esa mística para que el gris sobre gris no se adueñe de nuestros caminos, para que siga brillando un sol luminoso en nuestro horizonte, para que no nos roa el desaliento. Sentir esa necesidad es el primer paso. Ojalá este tiempo de Adviento de 2016 pueda ayudarnos algo en cosas como esta que, como el viento, “no sabes bien de dónde viene ni a dónde va”, según el dicho joánico (Jn 3,8).
Fidel Aizpurúa


martes, 29 de noviembre de 2016

SER FELIZ

A toda aquella persona que le preguntemos qué quiere en la vida, y también a cada uno de nosotros, seguramente dirá que ser feliz. Otra cosa muy diferente será qué entendemos por ser feliz cada uno de nosotros. Para unos será que se cumplan sus deseos, para otros no tener dolor, para otros no tener problemas y seguramente para otros será, además, que desaparezca la injusticia en el mundo, las guerras, el hambre...

Pero la realidad de la vida no suele ser así, está llena de complicaciones. Casi nunca se cumplen los deseos, los problemas persisten, estamos llenos de miedos, inseguridades... y tampoco desaparecen las injusticias, ni el hambre, ni las guerras y, ante todo eso, ¿tenemos que caer en la infelicidad?

Quizá en este momento de la vida nos toque mirar atrás e ir descubriendo que, a pesar de todas las dificultades de la vida, las cosas no han ido tan mal. Nos encontramos con personas que nos quieren, hemos descubierto el amor y el perdón; vamos aprendiendo a dar valor a una sonrisa, a un abrazo que nos saca de la tristeza; hemos aprendido a asumir los fracasos y a verlos como camino de madurez. ¿No será algo de esto la felicidad?

No han desaparecido las guerras pero nos encontramos con personas capaces de construir la paz, no ha desaparecido el hambre pero hay personas solidarias capaces de compartir con los pobres lo que tienen, no ha desaparecido la injusticia pero hay personas que luchan y trabajan incansablemente para que la justicia se vaya imponiendo cada día. ¿No será algo de esto la felicidad?

Cuando nos abrimos a los demás, cuando nos abrimos a Dios y nos sentimos en paz y en plenitud con nosotros mismos y con el mundo. ¿No será eso la felicidad?

Carta de Asís, noviembre 2016 

jueves, 24 de noviembre de 2016

UNO+UNO (SER PUENTE PARA ALGUIEN)

José, un joven con ceguera, estudiante de optometría y participante en competiciones deportivas como el triatlón, ha de enfocar su vida desde una nueva perspectiva. En el corto aparece a su lado uno de sus amigos, Fran, su apoyo, su guía, su entrenador, para poder seguir con sus aficiones deportivas.


martes, 22 de noviembre de 2016

¿SER O... NO SER?

Desde pequeña he oído como había que tener mucho cuidado con lo que creemos ser. La humildad, sencillez, el creerse poca cosa… han sido siempre cualidades de las “personas buenas”. ¿Buenas, malas?… mal empezamos.

Mis estudios de psicología y sobe todo mi propia vida me ha ido enseñando, y ahora lo compruebo en mucha gente, el gran peligro que esto supone. Por sí mismas, cualidades deseables y valiosas, pero como en otras muchas cosas, ojito en el recipiente en el que caen. Eso de siempre tú antes que yo, el bien ajeno antes que el propio, hay que hacerle la raíz cuadrada y en todo caso, partir de una psicología sana y no la de la persona casi enfermiza que tiene una autoestima por los suelos.

Está claro que la imagen de la parábola del evangelio del fariseo y el publicano es eso, una imagen: “Gracias Señor, porque no soy como ese…” No, hombre no, hasta ahí podíamos llegar, pero tampoco la imagen sumisa y poco cosa del otro extremo.

De ahí que últimamente tengo cuidado hasta con las canciones que les quiero enseñar a mis alumnos. Esas del estilo “Yo no soy nada…” , han quedado desterradas de la lista.

Urge hoy para todos una visión de la vida y sobe todo de uno mismo, valiosa, positiva, agradecida, que no me ponga por encima de los demás, pero jamás me ponga por debajo. Cuando me reconozco valioso, libre, con capacidad, único, irrepetible y pienso en mí, y vivo por mí, todo lo demás surge por añadidura. La negación de uno mismo tiene más de peligroso que de psicología y espiritualidad sana.

Creo que el gran carisma y la gran fuerza de Jesús, surgían de un autoconocimiento y autoaprecio dignos de quitarse el sombrero. Solo desde ahí pudo salir de sí mismo y ser uno con los otros. Lo contrario, pura mediocridad y entes vacíos. Y de ellos, líbrame Señor.
Clara Lopez Rubio