jueves, 13 de julio de 2017

INTENTA ALABAR AL MUNDO HERIDO

Intenta alabar al mundo herido.
Recuerda los largos días de junio,
fresas silvestres, gotas rosadas de vino.
Los hierbajos que metódicamente invadían
las casas abandonadas de los desterrados.
Debes alabar al mundo herido.
Mirabas yates y barcos,
uno de ellos tenía que emprender un largo viaje,
al otro le aguardaba sólo la salobre nada.
Veías refugiados caminar hacia ninguna parte,
oías a los verdugos cantar
alegremente.
Deberías alabar al mundo herido.
Recuerda aquellos momentos, en la habitación blanca,
cuando estabais juntos y el visillo se movía.
Vuelve con la mente al concierto, cuando estalló
la música.
Recogías bellotas en el parque en otoño
y las hojas sobrevolaban girando las cicatrices de la tierra.
Alaba al mundo herido
y la pluma gris perdida por un mirlo,
y la luz delicada que vaga y desaparece
y regresa.

Adam Zagajewski

jueves, 6 de julio de 2017

LAS SIETE MARAVILLAS

El maestro pidió a los alumnos que hicieran una lista con las 7 maravillas del mundo. Después les pidió que leyeran su lista. A pesar de algunas diferencias, la mayoría logró ponerse de acuerdo en los seis primeros:

1. Las Pirámides de Egipto
2. El Taj Mahal
3. El Coloso de Rodas
4. Los Jardines Colgantes de Babilonia
5. El Coliseo de Roma
6. La Muralla China

El maestro buscaba consenso para la séptima maravilla cuando notó que una estudiante permanecía callada y no había entregado aún su lista, así que le preguntó si tenía problemas para hacer su elección.

La muchacha tímidamente respondió: “Sí; un poco. No podía decidirme, pues son tantas las maravillas”. El maestro le dijo: “Dinos lo que has escrito, tal vez podamos ayudarte.” La muchacha, titubeó un poco y finalmente leyó: “Creo que las siete maravillas del Mundo son:

1. Poder pensar
2. Poder hablar
3. Poder actuar
4. Poder escuchar
5. Poder servir
6. Poder orar
7. Y la más importante de todas…poder amar.”

domingo, 2 de julio de 2017

UN SOLO DIOS

Buscar ser puente de reconciliación entre nuestros hermanos. Tratar de conciliar sueños, derribar muros y sanar heridas. Quizás sea algo que nos lleve toda la vida, pero al final, habrá merecido la pena dejar que sea Él quien dirija nuestros caminos.

Imagen real de dos lápidas
correspondientes a marido y mujer,
uno católico y otro protestante.

jueves, 29 de junio de 2017

NO SOY MÁS QUE MI HERMAN@

Hay un nivel de fraternidad, de vivir como hermanos, de ser hermanos donde el motor pude ser la buena voluntad, o unos ideales de fraternidad, de comunidad, de parroquia... Nos apoyamos en unos valores de igualdad, de reciprocidad, de querer bien. En un primer momento resulta gratificante que las apuestas sean compartidas porque ponemos lo mejor que somos y tenemos. La sensación es de recibir más de lo que aporto. Los demás son más de lo que soy yo.

Sin embargo, llegan otros momentos en los cuales la buena voluntad no es suficiente. Van apareciendo los lados no tan brillantes de cada uno, los roces por diversos motivos: caracteres, desencuentros ideológicos, cansancios... Entonces se adueña la sensación de que no hay proporción entre lo que pongo de mí que es mucho y lo poco que recibo a cambio. Los demás son menos de lo que soy yo.

Podemos llegar a otro estadio de fraternidad. Ésta ya no es el resultado de la buena voluntad ni de la confluencia de las ideas y objetivos que nos mueven a los miembros del grupo. A lo largo del recorrido personal y comunitario vamos cayendo en la cuenta de que la fraternidad tiene un misterio que supera la suma de sus miembros, la suma de sus virtudes y sus limitaciones. Hay un plano más básico que no controlamos en el cual es Dios el que misteriosamente hace que se ensamble la fraternidad, la parroquia, la comunidad. Él, en su designio de amor, nos quiere unidos y en paz. La fraternidad siempre será tarea, no siempre será armoniosa y sin conflictos; pero en ella es donde hacemos el recorrido vital personal y comunitario si nos mantenemos abiertos al aliento de Dios que nos sostiene. La sensación es que nadie es más que nadie porque somos sostenidos y amados por Dios.

¿Qué nos mantiene a flote? ¿Quién nos da el plus que necesitamos para la fraternidad, la comunidad, la parroquia, la familia...?

 Carta de Asís, junio 2017