viernes, 17 de febrero de 2017

SER PUENTE EN LA COMPETICIÓN

Meghan Vogel de la escuela secundaria West Liberty-Salem de Ohio, despojada de todo ánimo de victoria por una prueba de atletismo, decidió dar marcha atrás y ayudar a una de sus competidoras que se desvanecía a pocos metros de llegar a la meta.

Vogel —que en el mismo día había ganado la prueba de 1.500 metros— al ver que una de las participantes, Arden McMath, no podía seguir porque las fuerzas parecieron abandonarla en el último tramo de la carrera, no dudó en dar la vuelta y ayudarla hasta llegar a la meta, ante el aplauso y la ovación de las demás atletas y el público en general.

Este gesto, que pudo costarle a las dos atletas la descalificación de la prueba, no fue castigado por los jueces de la carrera toda vez que tanto McMath como Vogel terminaron sin sumar ningún punto en las posiciones decimocuarta y decimoquinta (penúltima y última), lo cual no afectaba a la clasificación general de la carrera de medio fondo, de 3.000 metros lisos.

“Es un honor. Solo pensé que estaba haciendo lo correcto y creo que otros hubieran hecho lo mismo. Ayudarla a llegar a la meta fue mucho más gratificante que ganar el campeonato estatal”, declaró al Daily News la joven atleta protagonista de este acto de altruismo.
lavanguardia.com

miércoles, 15 de febrero de 2017

¡ES ALUCINANTE QUE YO EXISTA!

He pasado una temporada donde la tristeza se ha instalado dentro de mí. No es porque haya vivido una frustración puntual sino porque varias situaciones me han inundado de desesperanza: encontrarme con tanto sufrimiento a mi alrededor; ver que algunas personas de mi entorno experimentan una injusticia remediable que les hace padecer constantemente; creer que, desde la fraternidad, no habíamos sabido dar a unas personas sin hogar, lo que necesitaban para salir de su situación; volverme a encontrar otro día más, como tantos otros, la vergüenza y la inhumanidad de la guerra de Siria, de los refugiados a los que les cerramos una posibilidad de una vida digna y los dejamos abandonados como si no fueran seres humanos. Todo esto había conseguido borrar la sonrisa espontánea de mi gesto. Mi convicción de que Dios sostenía la vida y que la iba empujando hacia algo mejor aparentaba no ser real.

A la vez, y aunque parezca que no tiene nada que ver, llevo un tiempo interesado por la física cuántica, por conocer un poco más las partículas elementales y el origen del universo. Es alucinante que en el inicio del Big-Bang toda la masa y energía del cosmos estuvieran concentradas en un espacio más pequeño que el núcleo de un átomo. Y que en el primer segundo después de la gran explosión, sólo hubiera un caldo primordial formado por unas partículas elementales llamadas quarks, que no podían unirse para formar átomos por la enorme temperatura que existía. A los cien segundos ya se formaron núcleos de helio, cuando la temperatura había bajado lo suficiente como para que, primero se formaran los protones y los electrones, y luego se unieran entre sí. Pero si las condiciones físicas hubieran sido mínimamente diferentes el universo no hubiera sido viable. El mismo Stephen Hawking escribe: "Si la velocidad de expansión un segundo después del Big-Bang hubiese sido menor, incluso en una parte en cien mil billones, el Universo se habría colapsado de nuevo antes de que hubiese alcanzado el tamaño actual". Y si la velocidad de expansión hubiera sido un poco mayor la vida no habría sido factible en nuestro cosmos.

Es decir, podríamos perfectamente no haber sucedido. Es una maravilla que yo exista, que yo forme parte de este universo, que exista una humanidad. Es alucinante que de esas partículas elementales se haya formado mi cuerpo después de 13.700 millones de años. Es increíble que en el planeta donde nacimos haya una atmósfera capaz de amparar la vida. Es asombrosa la vida, es asombrosa mi existencia, y me siento agradecido. Y mi tristeza se difumina porque hay algo más grande, hay una alegría en otro nivel que diluye mi desesperanza: es la conciencia de existir, el gozo de ser pudiendo no haber sido. Es muy semejante a lo que proponía Soren Kierkegaard para aplacar la pena del afligido: contemplar los lirios del campo y los pájaros del cielo como pide el Evangelio, para meditar "qué glorioso es ser hombre".
Javi Morala, capuchino

domingo, 12 de febrero de 2017

NECESITAMOS GENTE MÁS COMPROMETIDA


Un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mientras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo.

Manos Unidas nació como Campaña contra el Hambre para dar respuesta a una llamada de la Comunidad Internacional a unir esfuerzos y acabar con esa lacra en el mundo. Sesenta años después asistimos a lo que San Juan Pablo II denominó "la paradoja de la abundancia": a pesar de que se produce lo suficiente para alimentar a casi el doble de la población mundial actual, sigue habiendo 800 millones de personas a las que se niega el derecho fundamental a alimentarse.

SI NO VALE PARA LA VIDA...