viernes, 17 de febrero de 2012

COMENZAR ALGO NUNCA ES FÁCIL

Comenzar algo nunca es fácil. Y mucho menos en estos tiempos de crisis que corren. Pero quizá justamente por eso, y hoy más que nunca la crisis no puede, no debe afectar a los sueños, ilusiones y esperanzas de aquellos que desean empezar algo nuevo. Como dice la canción “es tiempo de cambiar”. Cambiar la dura realidad del consumismo que nos ha hecho dependientes de cosas inservibles y que parece que sin ellas andamos perdidos. Cambiar el feroz e inhumano individualismo. Cambiar el lema del “sálvese quien pueda”. Cambiar, cambiar, cambiar… pero cambiar hacia dónde, por qué… Uno de los cambios más radicales que han existido en la historia fue el de Francisco. Por todos es sabido el antes y el después de la conversión. El estilo de vida disoluta, sin sentido, sin ningún fin aparente. Tal vez la pregunta más importante sea: ¿Tiene hoy sentido un cambio como el que decidió dar Francisco? ¿Tiene, hoy en día, elementos válidos para poder buscar y encontrar la felicidad que se nos escapa por las rendijas del poseer? ¿Podemos llevar a cabo tales ideales? ¿Seríamos capaces de vivir con lo necesario y compartir el resto? Probablemente haya preguntas que sea mejor no hacer, sin embargo, son ese tipo de preguntas, las que llenan y dan sentido a nuestra vida, son las que marcan “los antes y los después”, los horizontes y las metas de vidas plenas. Ante esas preguntas ninguna vida debe ser indiferente. Contestar aquellas preguntas que llenan de luz y sentido la vida de cada uno de nosotros son las que, a su vez, siendo sinceros con nosotros mismos y poniéndolas en práctica, las que nos harán centrar la atención en la verdadera y profunda crisis: aquella en la que vivir carece de sentido. Pero superar este sin sentido no está en manos de políticos, economistas… Debemos asumir la responsabilidad que tenemos en nuestra forma de vida y darnos cuenta de todo aquello que necesitamos cambiar. Cambiando uno mismo es como cambiaremos el mundo. Esa convicción ha de poseernos hasta el límite de llevarnos a actuar. (Hno. Enrique García)


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