lunes, 28 de enero de 2013

LOS OJOS FIJOS EN JESÚS

Dice Lucas en el Evangelio de este domingo que “la sinagoga tenía fijos los ojos en él”. Es la institución amenazante que trata de indagar las razones últimas de una toma de postura que atenta contra el orden establecido y rompe las reglas de juego que benefician solamente a los poderosos. Jesús mantendrá esa mirada, ese desafío, y no cederá un ápice en presentar a lo largo del Evangelio un mensaje totalmente liberador y destinado al conjunto de los pueblos. Se acabaron los privilegios que dimanan de la apropiación del mecanismo religioso.
   De ahí que cuando diga que “hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” está queriendo decirse que el sueño de la profecía ha cobrado cuerpo en su persona. Ya no es simplemente un deseo sino que, por él, se está pasando a la realidad histórica. Por eso, el mesianismo de Jesús es absolutamente histórico, apunta a las realidades más básicas de esta historia, a los estratos más elementales de la persona. Es ahí donde el Evangelio quiere hacer su obra; un Evangelio para la vida más que para la religión.
Fidel Aizpurúa, capuchino

sábado, 19 de enero de 2013

EL VERDADERO MILAGRO DE CANÁ

   En el pórtico mismo del Evangelio de Juan, al comienzo del camino del seguimiento, se le dice al creyente: hay dos maneras de vivir, una en la opresión, otra en la libertad. Optar por Jesús es adentrarse en la segunda porque el Evangelio es un camino de libertad y de apoyo total a la persona. Estos “dos caminos” se presentan ante el futuro discípulo para motivar la adhesión, para animar a entrar por el camino del seguimiento.
   Porque, efectivamente, el verdadero milagro no es la posible conversión de unas tinajas de agua en vino, sino que  la persona vaya entrando por el camino del seguimiento. Si así lo hace irá dando cuerpo al sueño de Jesús: poder llegar realmente a poner en pie un embrión de la sociedad nueva  que llegará a plenitud en el reino de Jesús. De ahí que cuando se dice que “creció la fe de los discípulos en él” se esté relatando no solo una conclusión sino la verificación del signo, la entrada por el camino de la adhesión.

miércoles, 16 de enero de 2013

OPINO LO CONTRARIO

   El pasado 21 de diciembre fue un día de expectativa mundial: el calendario maya había fijado esa fecha como el “día del fin del mundo”. Independientemente de la opinión de los arqueólogos que decían que esa fecha correspondía al final de un período en que los Mayas tenían dividida su previsión histórica, infinidad de oportunistas habían previsto, para personas archipudientes, las nuevas y modernas formas de protegerse y salvarse de la destrucción universal.
   Por un lado quedaba patente, como siempre, la injusticia de la prepotencia de los ricos que se disponían a escapar con y por su dinero al destino común de los humanos; por otro, la envidia y la protesta sorda de todos aquellos que, sin posibilidad alguna, se veían ya víctimas de una catástrofe totalmente incierta y desconocida.
   Me admiro yo de que siendo tan inteligentes, como somos, y atiborrados de películas apocalípticas donde presentan y desarrollan con todo tipo de detalles anticipados este acontecimiento y sus terribles consecuencias, sigamos cayendo en la trampa que presentan las mismas películas sobre un pequeño grupo (siempre los protagonistas) que, tras pasar muchas dificultades y peligros de todo tipo, alcanza la eterna esperanza de la Humanidad que es la sobrevivencia. Eso es ¡película!; la realidad puede ser otra que no se puede escenificar, porque sería matar la esperanza, cosa que no se plantea ni siquiera el cine.
   Para comenzar con realismo se admite el hecho de un final total para este mundo, es decir, su desaparición del universo de una manera traumática, pero se desconoce absolutamente la fecha y los elementos desencadenantes de dicha destrucción. Si es una destrucción total, es total; alcanzaría a todo bunker, refugio o construcción diseñada y preparada para sobrevivir a esa circunstancia, pues lo que falla no son las instalaciones, sino el soporte mismo donde se encuentran las instalaciones: la tierra. Pero, suponiendo que la destrucción no fuese el soporte físico, la tierra, sino algunos de sus elementos: el agua, el aire, la vegetación, etc., al ser a nivel mundial, las condiciones de vida serían o vivir y morir encerrados en un búnker, o enfrentarse y sufrir todas las condiciones adversas, que no se sabe las que serían, que ciertamente serían de película, sin final feliz, por lo que, ante una situación de este calibre, lo mejor es pedirle a la misericordia de Dios no el sobrevivir, sino morir el primero.

Francisco Luzón, capuchino


viernes, 11 de enero de 2013

EL BAUTISMO DE LA VIDA


El bautismo cristiano está en lenta recuperación. Su sentido, muy velado, comienza a aparecer cuando se dice que el bautismo ha de ser para la vida, para llevar una vida en la orientación de Jesús, que no es otra que el socorro al débil, la solidaridad, el acompañamiento al necesitado, el servicio y la entrega. Este bautismo en la vida es el contenido real del bautismo ritual. Sin aquel, éste se vacía de sentido.


   Un bautismo de vida es más importante que un bautismo de agua. Un bautismo de vida es la de aquella persona que hace de la suya una vida solidaria, fraterna, libre, gozosa, disfrutante, solidaria, hondamente humana. En ese caso, hay muchos bautizados ritualmente que viven de espaldas a la vida, en ignorancia, maltrato o menosprecio. Mientras que puede haber bautizados en la vida que, aun que no muy religiosos, cumplan a las mil maravillas la función y vocación primordial de vivir y de vida.
   El verdadero bautismo es aquel que, como Jesús, nos lleva a ser solidarios con la debilidad del pueblo. Todo lo que se haga en materias de acompañamiento, solidaridad, sintonía, aprecio, promoción, de los pobres, ése es el verdadero bautismo cristiano.
   San Pablo dice en Rom 12,1 que el verdadero culto es la vida ofrecida a Dios. Ese culto en la vida, antes que culto en el rito, es el que Jesús demanda a quien entiende bien el bautismo en la vida.
   Amar la vida, lugar de nuestro bautismo en la vida. Crecer en cercanía al mundo herido, porque ese es nuestro marco de solidaridad con el pueblo. Así damos fe a la verdad de la encarnación, a la certeza de que Jesús y el Padre se han hecho del todo solidarios con nuestra historia concreta.

Fidel Aizpurúa, capuchino

sábado, 5 de enero de 2013

EPIFANÍA DEL SEÑOR

Aunque la especie humana lleva mas de cuatro millones de años sobre la tierra, sigue siendo muy localista, muy cerrada sobre sus propios planteamientos de vida como si fueran los únicos. El mensaje de la encarnación es un mensaje de apertura y de universalidad, como lo muestra la narración en torno a aquellos magos. Un mensaje perfectamente vigente.
   Hay personas que creen que solamente lo suyo, lo de su familia, lo de su pueblo, lo de su zona es lo bueno; cuando la realidad es que hay cosas buenas por todo el mundo. Hay personas que se dicen ciudadanos del mundo, pero son incapaces de convivir con su vecino de portal o con los del pueblo de al lado o menosprecian a los del país vecino. Siguen vigentes los localismos y las consecuencias que de ellos se derivan (racismos, xenofobias, rechazo del extranjero).
   El mesianismo de Jesús era válido, aunque fuera pobre. Los de su tierra, muy localistas, no han entendido esto; los magos, extranjeros, más abiertos, sí lo han entendido. De ahí que vieron a Jesús no como el rey que oprime sino como el pastor que cuida, no el coronado por la estrella sino el que ofrece la estrella a los del margen. Solamente quien es generoso, quien entrega dones, es capaz de entrar en la dinámica de la apertura.
   El mejor alimento de la vida es la apertura; es medicina que cura muchos males y que puerta que abre a muchos horizontes; es sendero que nos enseña muchas cosas, la principal de ellas el secreto del corazón humano. Una mente abierta es capaz de generar diálogo y acogida; una casa abierta propicia el encuentro y la ternura; un corazón abierto entiende mucho mejor el camino a veces extraño del corazón.
   Jesús es uno que, viviendo en un ambiente muy localista, ha tenido inquietud por ir a la gente de los países extranjeros (Mc 7,24-31), ha hablado con ellos y se ha interesado por su situación. Una persona de mente y corazón abierto hasta caber en él toda persona con toda su necesidad.

Ampliar el campo de las ideas; ampliar y ensanchar la mesa y el abrazo en la casa; hacer más grande el corazón para acoger la debilidad del otro, su diferencia, su preocupación. Vivir la encarnación en modos abiertos y universales, no en modos ñoñamente localistas.

Fidel Aizpurúa, capuchino




martes, 1 de enero de 2013

UNA MENTALIDAD DE PODEROSOS

   Parece que quien no “manda”, quien no tiene influencia, quien no es respetado, aunque fuere a la fuerza, no es nadie en este mundo de dominadores. A nivel mundial se quiere instaurar un “nuevo orden” que no es sino un orden de poder concentrado; a nivel personal nos rodeamos de una serie de cosas que demuestren que somos gente “con poder adquisitivo”, aunque en realidad nuestro interior esté muy vacío.
   Ver al Mesías en “un pesebre” era algo inaceptable. Una mentalidad de poder que tiene Israel queda “truncada” por la espada que es Jesús, ya que la suya será una vida en la entrega. María, y todo creyente, han de hacer un itinerario de ahondamiento en algo que les resulta muy difícil de aceptar. Pero Dios ratifica “desde el cielo” este camino de entrega y de alejamiento del poder.
   Cuando se diga a Jesús en cruz “si tú eres el hijo de Dios, sálvate” (Lc 23,36) se está queriendo hacer ver la inutilidad de la entrega. Es la mofa del poder sobre la ineficacia del corazón ofrecido. Sin embargo, nunca Jesús fue más hijo, más persona y más hermano sino cuando estaba en la cruz, signo de su total entrega.
   La Navidad, tiempo de contemplación del misterio de la encarnación, deriva en una cuestión sobre la actitud ante el poder o la entrega de cada creyente. Trabajar sin pedir siempre algo a cambio es el signo de que ese camino es posible. La felicidad que dimana del cuestionamiento del poder y del entrar en la vía del ofrecimiento del corazón es el síntoma de su valor y su verdad.

Fidel Aizpurua, capuchino