jueves, 31 de diciembre de 2015

ORACIÓN AL FINAL DEL AÑO

Señor, al terminar este año y empezar el Nuevo, gracias por todo lo que recibí de ti.
Gracias por la Vida y el Amor, por las flores, el aire y el sol, por la Alegría y el Dolor, por cuanto te fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que están más lejos, los que me dieron la mano y a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor, la alegría.
Pero también Señor, hoy quiero pedir Perdón, por el tiempo perdido, por el dinero malgastado, por la palabra inútil y el amor despreciado. Perdón por las obras vacías, por el trabajo mal hecho.
Por vivir sin entusiasmo y por la oración que fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.
Señor Dios, al empezar un año más detengo mi vida ante el calendario nuevo aún sin estrenar y te presento estos días que, sólo tu sabes si llegaré a vivirlos; hoy te pido para los míos y para mi la paz, la alegría, la fuerza y la prudencia, la caridad y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y de paz. Cierra tú mis oídos a toda falsedad y los labios a las palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.
Abre en cambio mi Ser, a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene solo de Bendiciones y las derrame a mi paso. Cólmame de Bondad y Alegría para que cuantos conviven conmigo encuentren en mi vida un poquito de Ti.
¡Dame un Año Feliz y enséñame a repartir felicidad!

domingo, 27 de diciembre de 2015

EN BUSCA DE UN SUEÑO

Puede que los sueños estén desprestigiados. El viejo calificativo de “soñador” no dice bien de una persona. Y, sin embargo, no podemos vivir sin sueños. Es la señal de que uno está vivo. Solamente los muertos carecen de sueños. Es cierto que, con frecuencia, nuestros sueños están escondidos, agazapados. Diríase que no existen. Pero están ahí, debajo de la piel, callados a veces, activos otras. Pero siempre ahí.
   Hablamos de sueños, no ensoñaciones. Los sueños son tales cuando se pone algo de nuestra parte para que puedan ser una realidad. Las ensoñaciones, por el contrario, son sueños sin intención de poner nada de nuestra parte. Estos se esfuman como la niebla; los otros persisten cada vez que damos un paso en la dirección que marcan.
   Por experiencia sabemos que, generalmente, nuestros sueños son pequeños, se adaptan a lo cotidiano. Hay quien piensa que, de pequeños que son, nuestros sueños son raquíticos. Pero, de cualquier manera, en esos sueños, en esos anhelos se urde nuestra vida. Son su esqueleto. Sin ellos, nuestra vida se derrumbaría como un castillo de arena. Por eso resulta preciso mirar con aprecio el mundo de nuestros sueños, incluso de los sueños que hace brotar el mundo de la fe.
   Y dando un paso más se podría decir que Dios tiene sus sueños. Lo sabemos por Jesús (el gran sueño de la fraternidad, el reino), lo sabemos por los escritos del NT (reconciliar todo: Efesios, Colosenses). Y lo sabemos por el “misterio abrupto” (Rahner) de la encarnación. ¿Qué otra cosa puede querer decir este loco afán de Dios de querer mezclarse a lo nuestro sino mostrar la evidencia del gran sueño del Dios de Jesús de mezclarse hasta el fondo con nuestro pobre camino humano?
   Podríamos vivir este año la Navidad como el tiempo en el que contemplamos el sueño que Dios acaricia: el de unirse a lo nuestro para que eso nuestro, tan humilde, cobre otro brillo y tenga horizonte. Esto nos unirá con todos los sueños de las personas, sobre todo con las de quienes están peor.
Fidel Aizpurúa 
Descargate AQUI el folleto con el texto completo

viernes, 25 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD


Bienvenido, Señor, a este mundo
a todos los corazones de los pobres,
a las familias que no te conocen,
a los que no han oído nunca hablar de ti,
a los que están distraídos con otros dioses,
a todos los enfermos que hoy sienten dolor,
a los que tienen la familia rota,
a los que no tienen hoy nada que comer,
a los que el paro les tiene agobiados,
a los jubilados que se sienten sin misión
y a todos los seres humanos de cualquier lugar,
bienvenido a nuestro mundo Jesús.
Haznos más hermanos, más niños, más sencillos,
más cercanos y más humanos,
más fraternos y más justos,
más divinos y más humanos,
en este día de Navidad, llénanos de tu amor…
AMÉN
 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

LA PACIENCIA

La cultura que vivimos valora en sumo grado la velocidad. No hay nada peor que perder tiempo. Todo es mejor si es cuanto antes; todo se desea inmediatamente. Las ciencias y la técnica, la electrónica y la informática hacen que todo pueda ser más rápido. Pero las realidades más humanas, las que más nos hacen humanos escapan a nuestros deseos de rapidez, porque requieren un proceso que no se puede acelerar. Una persona no crece como persona solamente en proporción de su desarrollo físico o intelectual; el desarrollo personal hacia la madurez, los caminos de libertad personal, la búsqueda de un lugar en el mundo... llevan su tiempo. Las relaciones interpersonales -no los contactos en las redes sociales- maduran a su tiempo, tienen su marcha propia que no responden a nuestras urgencias. Nuestro corazón crece a un ritmo propio. No digamos nada si nos adentramos en los procesos sociales.
   En todos los casos, lo que nos hace vivir todo esto es la paciencia; ese arte de saber esperar, saber acompasar los deseos al ritmo de la realidad humana, esa sabiduría que es capaz de dejar que las cosas se hagan por dentro. Es como querer acelerar el horneado de un bizcocho: se eleva la temperatura del horno pero el bizcocho se quema por fuera y su interior queda sin hacerse. Así las cosas humanas: las personas, nuestras relaciones más auténticas, los procesos de crecimiento, la fe…
   La paciencia está muy hermanada con la humildad. Sólo el humilde es el que adquiere la paciencia de las cosas humanas. Sólo el que va ejercitando la paciencia va acompasando su vida a la realidad, va mostrando humildad.
   Y cuando se tiene la gracia de intuir la presencia de Dios en la vida, la persona queda anonadada ante la paciencia que Dios ha mostrado con ella; una paciencia infinita, que sobrecoge. Sólo queda agradecer de corazón.
Carta de Asís, diciembre 2015 


miércoles, 16 de diciembre de 2015

UN CORAZÓN ABIERTO

Ultimamente se está hablando mucho de los nacionalismos. Hay personas que los aborrecen a todos y a algunos más en particular. A veces detestan el nacionalismo de otros, pero no el suyo. Las palabras y actitudes son, con frecuencia, de mucha dureza.
   En realidad, los nacionalismos, con un ropaje o con otro, acompañan el caminar de las personas, desde las cavernas hasta hoy. Y posiblemente, sea un componente de la estructura humana de difícil transformación. Es cierto que la distinción entre nacionalismos excluyentes e incluyentes es decisiva. Nada tiene que ver un nacionalismo que excluye y aniquila, con otro que, sintiendo y valorando las propias raíces, es flexible hasta incluir a quien no es oriundo de esa “nación” en el ambiente elegido llegando a ser considerado uno más.
   Quizá el nacionalismo benigno tenga cosas buenas, el amor a las raíces, la valoración de lo heredado, la referencia que me hace ser pueblo, el disfrute de la pequeña historia de cada grupo, de cada pueblo. Pero el peligro es evidente.
   Dicen que el nacionalismo se cura viajando. Y quizá, más todavía, amando. Porque el amor pone a raya cualquier exclusión y el desamor, dejado a sus anchas, puede llevar a exclusiones tremendas.
   Un corazón abierto es proclive a incluir. Un corazón duro y cerrado excluye con facilidad. ¿Cómo construir en nuestra vida un corazón abierto?

  • Una de las claves está en la acogida: si acoges con facilidad, demuestras que tienes un corazón abierto. Si te cuesta acoger, quizá tengas un corazón cerrado.
  • Es más posible tener un corazón abierto si te esfuerzas por ponerte en la situación del otro. ¿Qué habría hecho yo en su caso? Es una pregunta que habría de ser recurrente.
  • Un corazón abierto es aquel que, aun sin entender todas las razones del otro, está dispuesto a dialogar y a intentar por todos los medios llegar a algún tipo de conclusión conjunta.
  • Tiene dificultades para lograr abir el corazón quien da por perdida la partida antes de jugarla, quien dice que con esos no hay nada que hacer, quien ante el primer intento fallido desiste.

Un corazón abierto es el mejor antídoto contra el veneno del nacionalismo excluyente. Además es tan contagioso que puede animar a otros andar esa senda de comprensión y armonía.
Fidel Aizpurúa, capuchino


domingo, 13 de diciembre de 2015

ELECCIONES EN EL ADVIENTO

Del evangelio según san Lucas 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene;y el que tenga comida, haga lo mismo.»

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18a
“Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel;alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.”

Para esta semana se me ocurre unir estos dos textos, el de la primera lectura de Sofonías y el evangelio de Lucas y llevar ambos dos al terreno que en estos días tanto llenan nuestras calles y medios de comunicación, las famosas elecciones generales y la esperanza del Adviento.
  El texto en cuestión quedaría así: Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel;alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén porque ha llegado el tiempo de la salvación, porque el camino ya se ha iniciado: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene;y el que tenga comida, haga lo mismo.» Escueto, conciso y concreto programa electoral. Y sobre todo regocíjate, alégrate, toma conciencia de todo lo que eres y lo que puedes llegar a ser y vive en la consciencia del tiempo presente. Elige bien, toma las decisiones oportunas que quizá lleven ya retraso y comienza a vivir “ligero de equipaje”. Es posible. 
 CLARA LÓPEZ RUBIO 


miércoles, 9 de diciembre de 2015

“A LO GRANDE”

¡Cuántas ganas de juntarnos teníamos después de que Urbasa nos supiera a dulce de membrillo! Los animadores nos inventamos una nueva movida con la incertidumbre y el trabajo de preparación que suponía, pero con las ganas de volver a revivir las experiencias de encuentro con lo más auténtico de uno mismo y con tantas grandes personas.
   Desde el viernes 6, hasta el domingo 8 de noviembre, los juegos, los talleres, las comidas juntos, “el Urbasa express” y las oraciones; la croqueta, la vaquita mañanera y el paseo; las pegatinas imposibles de despegar y las colchonetas del gimnasio; todo sirvió para que sintiéramos por dentro grandes emociones, porque cuando nos juntamos en Jufra, incluso fuera de Urbasa, algo grande ocurre. Cada uno lo vivió y lo expresó de forma distinta. Algunos de los sentimientos que vivimos en la oración del sábado son muy reveladores: “Emociones encontradas; perseverancia; climax mental; reflexión y desahogo: calma; reflexión=liberación; pequeños, discretos y humildes milagros; ilusión por el futuro; somos una familia; como quiero estar; paz, tranquilidad; conectar conmigo mismo. Serenidad, ilusión y gratitud. Como Francisco en busca de la Perfecta Alegría; interiorizar, pensar en mis sueños y cómo conseguirlos; amor luminoso; ¡por fin yo!
   También quiero recordar algunas de las frases que aparecieron en esa misma oración del sábado y que recogimos en la celebración del domingo como la “Receta para alimentar tus sueños”:

“Disfruta de tu presente para tomar las riendas de tu futuro”
“No olvides nunca parar en el silencio para descubrir lo que guía tus sueños”.
“No es más grande el que cae sino el que se levanta más fuerte”
“Luchar enseñando el dedo corazón a todos aquellos que no saben amar”
“Sigue el sueño…”
“Saber de dónde vengo para saber a dónde voy”
“Fíjate en aquellos que te acompañan en tu camino. No camines sólo”.
“No pares de soñar”
“Lo importante es el sueño”
“Quédate con lo bueno de las personas”
“Nunca digas nunca porque siempre se arrepiente”
“#otraformadevida+sentido”
“Conocer y saber”
“Sueña con nosotros”
“Los sueños en familia son enormes”
“Encontrar el camino, tu camino”
“Si quieres puedes. Sólo tienes que dejarte llevar por tus sueños que quieres cumplir”
“Mis sueños, posibles gracias a vosotros”
“Lo importante para nosotros no se puede olvidar, hay que perseguirlo”

Se vuelve a confirmar que cuando dejamos salir lo mejor de nosotros mismos nos encontramos con el paraíso de las relaciones y eso lo vamos consiguiendo poco a poco en nuestros encuentros. ¡¡Qué suerte tenemos!! Y tenemos otra oportunidad en el Pregón. ¡Qué bien! Un gran abrazo, nos vemos pronto.

domingo, 6 de diciembre de 2015

GEOGRAFÍA DEL ADVIENTO

«Una voz grita: En el desierto, preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios

Pocos evangelios tan claros como éste a pesar de ser en un lenguaje metafórico. Y ya que el hombre del XXI se distingue por conocer gran cantidad de términos pertenecientes a campos semánticos tan diversos creo que será interesante meternos en éste.
  • Desierto: dícese de aquel momento de la vida que suele transcurrir en la monotonía y que nada de extraordinario sucede. Si no se obtiene de él su esencia suele definirse como tiempo de hastío… Por cierto, en mi opinión, totalmente equivocado.
  • Valle: depresión del terreno o del estado de ánimo. Tiempo que se sitúa entre emociones y situaciones extraordinarias.
  • Montes y colinas: elevaciones más o menos notorias del terreno y del estado de ánimo que suceden por un reconocimiento de la alegría que se vive en una determinada situación.
Y con este definición casera y emocional podemos tener claro el mensaje de lo que Juan el Bautista quiere decirnos:
   Una voz que sale de lo más profundo grita en nuestra vida, en el día a día, en la vida cotidiana donde todo sucede sin grandes emociones: urge un cambio en el camino de nuestra relación con el Dios que nos habita: dejar de poner juicio a aquello que ponemos como negativo y nos hunde considerando que en todos los acontecimientos de la vida está Dios y considerar que lo que más hoy nos altera y podemos calificar de negativo es la clave para resituarnos y vivir desde el Espíritu. Este movimiento llevará consigo no perdernos y tener como expectativa en todo momento los montes y colinas, es decir, los acontecimientos que consideramos como deseables y que nos enmascaran lo que sería vivir la sabiduría de la presencia y la serenidad. Dejar de juzgar igualmente aquello que consideramos “torcido” o equivocado en nuestra vida, porque en cada momento decidimos con los ingredientes que tenemos e igualmente Dios está en todo. Y de este modo… “Todos y el primero tú mismo verán la Salvación que Dios hace en ti”.
   Qué más para esta segunda semana de Adviento. Vivir la serenidad del presente sin meternos en la tormenta que supone la preparación de las fiestas que tenemos delante y que por ello aún ni existen y respirar el desierto de nuestra vida con lo valioso de su monotonía donde es posible la gran experiencia de Dios.
 CLARA LÓPEZ RUBIO

 

viernes, 4 de diciembre de 2015

¿QUÉ ES, PARA TI, LA NAVIDAD?

Suchard ha lanzado un spot bajo el lema “En Navidad, todo lo que necesita un niño es otro niño”. El protagonista de esta idílica campaña es un padre que vuelve a ser niño. Y en esta historia ingenua, que rebosa gracia y simpatía, descubrimos –por contraste– algo de la ilusión navideña que hemos perdido los mayores.



Lo mejor de esta campaña, es el experimento que ha realizado Suchard y que ha dado lugar a un vídeo maravilloso y superemotivo. En él plantea a varios padres y a hijos la misma pregunta: “¿Qué es, para ti, la Navidad?”. He aquí sus respuestas.


Visto en alfonsomendiz.blogspot.com

miércoles, 2 de diciembre de 2015

RETIRO DE ADVIENTO: UN ADVIENTO PARA LA ARMONÍA

A nivel diario no se habla mucho de armonía. Suena a cosa oriental, a yoga, a gente algo especial, a algo fuera de lo cotidiano. Pero, en realidad, la armonía es la capacidad para entablar una buena relación con los demás, con el entorno y, para los creyentes, hasta con Dios. Si se va logrando (porque es un proceso) esa buena relación, esa armonía, los beneficios son múltiples.
   El mismo Evangelio, libro de relaciones, puede entenderse como un libro que pretende llevarnos por un camino de armonía, de relación jugosa, de fraternidad en definitiva. Por eso mismo podemos decir que contiene semillas de armonía que son muy útiles a quien anhele ese valor que da un sabor distinto a la vida.
   Y, según como se mire, la encarnación es un misterio de armonía, la búsqueda de ese sueño divino de que el camino de los humanos y el de Dios puedan llegar a coincidir, que los anhelos del corazón nuestro y los del corazón de Dios puedan ser los mismos. Un gran sueño de armonía.
   Por eso, siempre con la intención de dar más sentido a la fe que vivimos, podríamos entender y vivir este año el Adviento como un Adviento para la armonía, para generar más armonía dentro, más disfrute, más equilibrio, más gozo, más humanidad, más fe. Desde ahí, el tiempo del Adviento puede ser una estupenda preparación para la Navidad del Señor.
Fidel Aizpurúa 

Descargate AQUI el folleto con el texto completo del Retiro


domingo, 29 de noviembre de 2015

PONEOS EN PIE Y ALZAD LA CABEZA

¡Poneos en pie, alzad la cabeza! Es la aclamación como si de una batalla se tratara para esta primera semana de Adviento. Porque cuando algo se comienza se hace desde lo más auténtico y con el ánimo de saber que todo va a salir bien. Y ¿qué es en esta ocasión lo que nos mantiene así? Una certeza, la realidad de que es nuestro adviento, la posibilidad una y otra vez de la venida a nosotros mismos cada vez que nos desconectamos, porque caer en la cuenta de que vivimos descentrados es ya tomar el camino de vuelta a casa y por tanto encontrarnos con Él. Todos los deseos, sueños y anhelos que surgen en estas semanas no son otros que un grito interno de lo más genuino que habita en nosotros. Un grito que dice “ven”, vuelve a casa, pero no a alguien que habita fuera sino a nosotros mismos que vivimos más fuera que dentro. Revivir y celebrar la venida de Jesús es algo más interno que un mero recuerdo de lo que sucedió hace 2000 años. Para mí es caer en la cuenta de que lo que sucedió en Él sucede en mí, que el Verbo de Dios que se encarnó lo hace también en mí porque la Historia de Salvación que tuvo en Jesús la tiene también en mí porque el Encuentro se produce. Sí, alzad la cabeza, porque en cuanto se produce el encuentro en lo más profundo se alcanza la máxima dignidad del hombre, porque éste no está creado para otra cosa que para vivir en una continua experiencia de Dios.
   El Adviento ha llegado y con él incluso sentimientos de tristeza, miedo o soledad que nada tienen que ver con el Misterio de la Encarnación.
   Ya estés en un momento de religiosidad o de hondura espiritual; ya reconozcas a Cristo como tu Señor o no sepas ni dónde te encuentras el Adviento viene para todos para alzar la cabeza en señal de un reencuentro eterno y constante en el reconocimiento del tiempo presente como el único que existe y como aquel en dónde únicamente Dios habita. 

CLARA LÓPEZ RUBIO 


viernes, 27 de noviembre de 2015

AMARSE A UNO MISMO OBRA MILAGROS

Todos tenemos inseguridades y debemos vivir con ellas aunque sea difícil. Nos cuesta aceptarnos tal como somos; queremos ser perfectos, nada parece suficiente para alcanzar una alegría duradera. Este experimento social nos enseña una lección muy valiosa. Lo que debemos valorar siempre está dentro de nosotros. Estas cinco personas se pusieron frente a un espejo y enumeraron los que consideraban defectos personales. Después de eso dijeron qué era lo que les gustaba de sí mismos.
   Los realizadores les dieron un nuevo look, los transformaron para sacarlos de esa creencia errada que tenían. Las cosas cambiaron y cuando se miraron al espejo nuevamente, se dieron cuenta de que no sólo su aspecto había cambiado:



Visto en upsocl.com

miércoles, 25 de noviembre de 2015

HACIA DÓNDE

En la vida no siempre tenemos claro hacia dónde nos dirigimos. Nacemos en una familia concreta, recibimos de ella el cariño, la educación y unas pautas para ir saliendo adelante en la vida, las mejores que nuestros padres y maestros nos pueden dar mientras nos van acompañando.
   Aunque parece claro a dónde van a ir nuestros pasos, también existen momentos y situaciones en las que cada uno tiene que plantearse hacia dónde va. Tiempos en los que hay que tomar decisiones que pueden configurar toda la vida: ser religioso, casarse o no,… trabajar en tal o cual cosa, vivir en un sitio u otro…
   También llega un momento en que parece que todo está bien organizado y todo va “sobre ruedas” pero, por dentro, sabemos que necesitamos preguntarnos hacia dónde va la vida, hacia dónde vamos orientando el camino. Hemos podido llegar a estar tan acomodados que vamos perdiendo el horizonte de nuestra vida.
   Quizá ha llegado el momento de replantearse algunos modos de vivir para cambiar, para dar un sentido nuevo a nuestra vida porque el planteamiento anterior se ha quedado obsoleto y ya no sirve, ya no llena de ilusión, ni de esperanza.
   Mirando el pasado, aceptándolo y asumiéndolo, ha llegado el momento de mirar hacia el futuro, de pensar qué quiero de mí mismo y de mi vida.
   Si miramos a Dios, por el camino de Jesús, podremos ir descubriendo hacia dónde debemos dirigir nuestros pasos para dar el sentido necesario a todo lo que ha ido ocurriendo a lo largo de una existencia vivida con sus momentos de llanura, de ascensos a montañas con grandes dificultades y enormes descensos en los que, más de una vez, nos habremos llevado golpes por desilusiones, decepciones, contrariedades, pero el camino continua hasta que llegue el final de la vida, allá.
Carta de Asís, noviembre 2015


domingo, 22 de noviembre de 2015

A TRAVÉS DE LA MIRADA

Otro año que se nos escapa. Ha llegado otra vez la que podríamos llamar la nochevieja litúrgica y con ella el acento a Cristo como Rey del hombre, al menos de todos los que así lo consideramos, porque una vez más intento separarme de las etiquetas que le ponemos a Dios y que me diferenciarían en todo caso de aquellos que no consideran a Jesús necesario y existente en su vida.
   Aún así se hace difícil hoy en día tener claro qué puede significar el “ser rey” cuando es una imagen tan mermada: los intereses personales, las supuestas negociaciones de unos con otros en multitud de ocasiones para su propio beneficio… han hecho que ya no haya confianza en dicha figura. ¿Cómo entonces tener a Jesús por Rey?
   Me ayuda centrarme en el pasaje del evangelio y en la postura de Pilato. Hombre acostumbrado a vivir en lo externo que esperaba con su acción en Israel el beneplácito de Roma, no le viene nada viene tener ninguna contienda ni perder la confianza de sus superiores. El Hombre que tiene delante, Jesús, está claro que no le aporta ningún beneficio ni le merece la pena tener con Él nada más allá de ese rato en el que tiene que decidir qué hacer con Él y por eso quiere acabar pronto. Una vez más situarse en lo externo y en el juicio no hace posible la sabiduría ni el encuentro. Y es que creo que Pilato tenía miedo de los ojos de Jesús y a través de ellos de encontrarse con él y sentirse perdido porque en Jesús se reconocería a sí mismo. ¿Os habéis dado cuenta del gran peligro que supone el mirar a los ojos de los demás? La mayoría de las ocasiones hay peligro de como se dice actualmente “quedarse pillado”, por eso vamos casi continuamente mirando hacia abajo o al móvil y las miradas no se cruzan. Hay gente de hecho que se pasa continuamente la vida esquivando las miradas para no ser reconocidos. Urge un cambio en la forma de relacionarnos considerando que en cada momento del día hay ocasiones en las que si se logra conectar con la mirada del otro éste se convierte para ese momento en el rey de esa circunstancia y por ende, cada uno de nosotros damos pie en lo más profundo a un Encuentro. Ahí es donde coronamos a cada hombre como rey y en todos ellos a Jesús.
   Ya tenemos tarea para los próximos días: fomentar el encuentro real aunque sea en un solo segundo a través de la mirada que hace casi que se pare el tiempo y fruto de ella clavar nuestra mirada en nosotros mismos, esos a los que algunos tan poco conocen porque prefieren seguir perdidos en los externo y en lo que no conduce a un encuentro personal consigo mismo negándose a sentirse reyes de sus propia existencia, esa en la que Dios habita.
CLARA LÓPEZ RUBIO 


miércoles, 18 de noviembre de 2015

SENTIDO COMÚN O DICHA PROFUNDA

Hace un par de semanas en el grupo de Jufra de Zaragoza, una joven preguntaba cómo ser cristiano y no ser un “panolis”, un ingenuo, ¡un tonto vaya! Después de leer el evangelio de uno de aquellos domingos (el de las Bienaventuranzas, Mt 5, 1-12) les escribía un whatsapp al grupo para decirles que esa lectura tenía mucho que ver con la pregunta que aparecía en la última reunión.
   Pero la Palabra me volvió a sorprender al viernes siguiente, con una parábola (Lc 16, 1-8) que parecía que estaba hecha para contestar esa misma pregunta. Jesús alaba al administrador injusto y lo pone como modelo, ¡a uno que estaba robando! Pero lo pone como modelo no por su actuación, que es moralmente mala, sino por su inteligencia. Es decir, nos dice a los cristianos, a los “hijos de la luz”, que debemos ser sagaces, no unos “tontos”, que tenemos que estrujarnos la cabeza para acertar en los negocios de Dios.
   Gracias a Jesús de Nazaret y también gracias a una atracción interior, todos hemos tenido algún impulso a vivir de forma sencilla, teniendo pocas cosas; todos hemos tenido un impulso a llorar con los que lo están pasando mal; a no huir del sufrimiento sino vivir la vida tal como viene; a seguir ansiando un mundo más justo superando la desesperanza; a mirar a los demás desde la misericordia; todos hemos tenido un impulso interior a mirar sin etiquetar; a trabajar por la paz y la reconciliación; a no dejar de hacer o decir lo que creemos justo, a pesar de que nos persigan.
   Pero tenemos muchas dudas ante esos impulsos de vida. Nos asaltan temores internos porque creemos que teniendo menos vamos a perder; creemos que llorando somos menos felices; el sufrimiento lo identificamos con el fracaso; la inquietud de buscar un mundo más justo nos inquieta y cansa, y estamos tentados de claudicar; creemos que somos tontos si perdonamos; nos es mucho más fácil etiquetar que adentrarnos en la complejidad de cada persona; nos parece inútil trabajar por una paz imposible; y creemos que no merece la pena ser tratados mal si luchamos por la justicia.
   Hay una postura que quiere ser racional y equilibrada que es la del “sentido común”, que intenta traducir el Evangelio a la realidad pero que se seguiría escandalizando de la cruz de Jesús y que en muchas ocasiones lo que hace es descafeinar la Vida plena que Dios nos propone.
   La lógica que Jesús nos muestra en el Evangelio y las Bienaventuranzas no es nuestra lógica. Jesús nos enseña que aunque parezcamos unos desgraciados cuando estamos llorando o sufriendo, puede haber una dicha encerrada en el lamento que no es masoquismo, sino que tiene que ver con la amistad, la empatía, la serenidad profundas, o con estar engarzados a la realidad tal cual es, sin enajenaciones ni huidas; Jesús nos enseña que los que ahora viven saciados son los más pobres y los que se sienten insatisfechos son los que más abiertos a la vida están; que los que son capaces de mirar con el corazón son los que más entrenados están para mirar como Dios mira y para entender cómo Dios actúa; que los que buscan la justicia y los valores de Jesús más allá de la recompensa que puedan tener, entienden la gratuidad del Reino. Jesús nos pide que busquemos la alegría profunda que encierran todas estas situaciones de contradicción porque ésa es la dicha verdadera, esa es la “verdadera alegría” de la que hablaba San Francisco de Asís.
Javi Morala, capuchino

domingo, 15 de noviembre de 2015

TODO PASA

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ​En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán”.
   Y así, con este lenguaje apocalíptico y profético con respecto a los atentados de no hace aún ni 24 horas en París se hace casi más difícil sacar vida de lo que cada Domingo proclamamos.
   Y como a mí me gusta hacer con ocasión de este comentario, tiramos hacia dentro: una dimensión por otra parte real, quizá la única real que existe, porque la que está sujeta al espacio y al tiempo y existe fuera de nosotros está también mediatizada siempre por el juicio, el dolor, las apariencias… lo que no es, alejándonos de los que es y somos.
   “Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca” y que llega el tiempo de salir del crudo invierno, de lo cerrado y marchito y aventurarse a la vida. Son ya varias las veces que he tenido que saltar de esquemas preconcebidos en los que me empeñaba en hacer mi vida y que ésta pareciera espontánea y auténtica, pero al igual que nada puede parar la primavera, nada tampoco pudo parar mi crecimiento espiritual y evolución hacia dentro cuando ya el proceso había comenzado. Y por más que queramos empeñarnos en recorrer de nuevo lo ya recorrido para hacer las cosas de otro modo más nos daremos cuenta de que eso ya no es posible, que son otros los caminos a descubrir y no hay una segunda oportunidad para nada, porque nada se repite, en todo caso habrá una nueva oportunidad, que para mí es muy distinto. Pero conviene reconocerla y no dejarla pasar de largo. Y esto sucede cuando en nuestro interior nuestro Sol se empieza a hacer tinieblas y las estrellas más importantes que guían nuestros sueños y nos hacen vivir en el presente se apagan no sabiendo guiarnos más que por los recuerdos del pasado o las ilusiones del futuro. En ese momento toca alzar el vuelo y saber que la Energía más importante y auténtica que habita dentro de nosotros, Dios, que somos nosotros mismos, es la clave para no dejarse llevar por la aparente imposibilidad para seguir viviendo. Solo toca descubrirlo en lo único que es posible, el aquí y ahora, porque cielo y tierra pasan continuamente, pero lo único que no pasa el la Palabra que se gusta en cada instante.
CLARA LÓPEZ RUBIO


miércoles, 11 de noviembre de 2015

ADORNOS DE ¿NAVIDAD?

Finales de octubre y un año más me encuentro los adornos navideños en las grandes superficies comerciales, en esta fecha excepcionalmente temprana. Cómo siempre comenzamos a decir que "cada año empiezan antes" y otros comentarios en la misma línea.
   Sin embargo en esta ocasión lo que más me ha llamado la atención no es la fecha, ni tan siquiera estar mirándolos aun en manga corta. En esta ocasión me he dado cuenta que no había ningún motivo religioso. Todo lo que allí encontré eran objetos decorativos pero centrados en velas, en renos, en flores rojas, en "Papanoeles", en pingüinos con bufandas y otros detalles más o menos simpáticos. No encontré ni pastores, ni ángeles, ni ningún portal, ni tan siquiera un niño Jesús. Es más, ni siquiera encontré la palabra "Navidad", que era sustituida por "Felicidades".
   Ahora bien, antes de molestarme, he de decir que me alegré. Me alegré porque eso que vi no era la Navidad. Eso que vi eran ventas para un negocio. Eso que vi eran beneficios. Eso que vi eran meramente productos decorativos. Eso que vi no era la Navidad.
   Y me alegré porque no está bien mezclar un mero negocio con la Navidad bien entendida.
   Soy profesor en un colegio de los Hermanos Capuchinos y todos los años decoro la clase de la que soy tutor con adornos navideños. En mi clase se coloca un niño Jesús y se decoran las ventanas con un portal, los reyes magos y con pastores. Y me alegré por que en octubre aún no había nada de lo que necesito para decorar la NAVIDAD que ponemos en diciembre en el colegio.
Javier García-Galán

domingo, 8 de noviembre de 2015

ESCRIBAS Y FARISEOS DE NUESTRO MICROCOSMOS

Curioso título imagino que os parecerá para el comentario de un Evangelio, pero sabéis los que desde ya hace tiempo me vais leyendo que procuro “tirar hacia dentro” y recomponer el mismo escenario que un evangelio nos propone en Israel hacerlo en nuestro microcosmos que nuestro sistema mente-corazón-entrañas o lo que es lo mismo ideas-sentimientos-emociones,
   En esta ocasión, genial nos viene situar a la casta poderosa de Israel en nuestra mente y a la viejecilla en lo más profundo de nuestras entrañas.
   Conforme se va avanzando en la vida espiritual te das cuenta cómo la batalla entre lo que pensamos y lo que realmente sentimos cada vez se va haciendo más sutil pero a su vez más aprendes a diferenciar entre estos dos elementos. Siendo niños, todo es una amalgama de imágenes que no sabes ni de dónde proceden. Por cierto, que esto es lo que últimamente en los colegios estamos empezando a desentrañar y a enseñar a nuestros alumnos dentro de los límites que los profesionales que lo imparten puedan tener, pero es que por fin nos vamos dando cuenta de la gran diferencia de estas dos fuentes que tenemos en nosotros.
   En Jesús encontramos un gran maestro de esto: gran observador de la vida y de sí mismo habla de los escribas y fariseos como los que desde el poder de las ideas, las leyes y normas y acomodados en las riquezas se pavonean delante de los otros para encontrar su puesto de honor. Es su manera de hablarnos de la mente en contraposición al espíritu. Y es que el mundo de las ideas es así de poderoso y la mente un arma de doble filo que puede hacer que te acerques a las circunstancias más insospechadas por vivir desde el poder y la seguridad. Sería la imagen de Pedro en su negación de Jesús la noche del prendimiento o la negativa de él mismo a que su maestro acabara abandonado de todos porque él lucharía con todos antes de permitirlo. Cabeza y corazón a flor de piel, impetuoso…. cuánto tendría aún que bajar a la “bodega interior” de su espíritu.
   La vida, si la dejamos actuar con toda su esencia y poco a poco vamos abandonando los juicios a propósito de lo que nos sucede ya nos va enseñando a vivir la experiencia de la viuda que lo da todo: ideas y sentimientos explosivos pasan a merced de emociones procedentes del espíritu cuando el presente y la atención constante se hacen cotidianas. Y entonces damos todo lo que tenemos porque se descubre que en el quedarse vacíos y sin asimiento de ningún tipo es la fuerza del espíritu. Para esto hace falta “quemar muchas naves”, tirarse al vacío sin saber qué hay abajo y a pesar de pegarnos un tortazo saber que Dios estaba en la esencia misma.
   Así que al leer de nuevo este evangelio intentemos no quedarnos en la imagen de los que hoy ostentan el poder en la Iglesia, en el gobierno, en nuestros lugares de trabajo y “bajemos más adentro en la espesura” como así lo decía San Juan de la Cruz.

CLARA LÓPEZ RUBIO


jueves, 5 de noviembre de 2015

POSIBILIDADES REALES

Siempre que nos acercamos a la luz del Evangelio, a la vez, percibimos con más nitidez las inevitables oscuridades del caminar humano. De ahí que, intentando contagiar ánimo, asome la cabeza el desaliento: yo me conozco y sé que ese camino hermoso no es para mí.
   Hay que superar tal sentimiento. Lo hemos dicho, el Evangelio ha sido ofrecido a humanos, no a ángeles. La propuesta de Jesús se hace a personas normales, marcadas, incluso, por fuerte limitaciones (ambición, naturaleza violenta, corrupción, traición incluso). Jesús hace su propuesta no en base a la calidad moral de la persona (si la tiene, mejor), sino en base a la dignidad de la persona. Y como él considera digna a toda persona, a toda persona hace la propuesta
   Por todo ello las posibilidades de ir volviendo al Evangelio en un itinerario prolongado, en un proceso, son muchas, está a nuestro alcance. Quizá haya que unirse, porque las cosas hermosas pero difíciles, se vuelven más sencillas cuando se las vive en grupo. Quizá haya sonado el tiempo de dejar de lado controversias que no llevan a nada. Tal vez sea interesante entender que una fe vivida en los márgenes del sistema no nos margina del Evangelio sino que nos empuja a su centro. Tal vez haya llegado el tiempo en que entendamos que volver al Evangelio no es salirse de la ida en espacios estancos, sino adentrarse en ese misterio del vivir en el que estamos metidos.

Fidel Aizpurúa, capuchino


domingo, 1 de noviembre de 2015

LA SANTIDAD DEL PRESENTE

Dicen que las Bienaventuranzas es una de las páginas que con más frecuencia se elige si hubiera que quedarse con un sólo capítulo del Evangelio. Dicen que vivir las Bienaventuranzas es el secreto de la felicidad y yo digo que creo que no tenemos ni idea de cómo vivirlas. Ser perseguido, hambriento, sentirse solo y sin consuelo… ¿y por ello ser y sentirse bienaventurado? ¿No será al contrario? Duro programa electoral ahora que se van acercando las elecciones, mal rollo, como dirían los jóvenes. Porque ser bienaventurado sería como aquello de vivir una “buena aventura” ¿no? A lo mejor por ahí nos cuadra más.
   Vivir una buena aventura es el vivir desde el reto y la frescura de la vida, la que ésta cada día nos vaya trayendo. Y a su ritmo iremos tomando decisiones. Claro, desde aquí, unas veces la vida nos traerá persecución, aunque sea solo por optar por hacer el trabajo bien hecho sin escurrir el bulto y sin pisar para subir, otras veces nos tocará ser hambrientos de seguridades y asimientos porque encontramos que ya nada es como antes y solo es Dios desde dentro.
   También podremos tener la experiencia de ser perseguidos, juzgados, criticados, porque nuestra conducta no deja a los demás indiferentes y esto será como consecuencia de la experiencia de vivir a Dios desde dentro que es donde sentimos únicamente que Dios habita. Experimentaremos entonces la serenidad de que lo que estamos viviendo es una buena aventura y nos sentiremos y de hecho seremos “bienaventurados”.
   En la otra cara de la moneda estará el juicio por los que se vive, de lo propio y lo ajeno, la falta de atención al presente y por tanto el vivir fuera de sí que más de una vez nos lleva a sentirnos deprimidos, enfermos, desosegados… viviendo con mala suerte, llegamos a veces a decir.
   Todo esto no lleva a buscar ni la persecución, ni él hambre, ni la desnudez. La vida se vive y celebra y el propio devenir de los acontecimientos nos proporcionarán las experiencias que toquen.
   Santos con títulos y anónimos así creo que lo entendieron. Y ahora nos toca llevar grabados a fuego que no hay más tiempo que éste y más oportunidad que la que la vida nos pone delante en cada momento. ¿Otro ideal de santidad? Quizá sí, pero éste es el que me toca a mí. Y como prueba la alegría que me acompaña.
CLARA LÓPEZ RUBIO

miércoles, 28 de octubre de 2015

LA INTIMIDAD

La intimidad es ese ámbito personal del ser humano que está reservado a uno mismo y a las personas más cercanas con las cuales se mantiene una relación especial. Es lo contrapuesto a lo social, a lo público, al dominio de las gentes. La intimidad está ligada a la conciencia, a esos territorios exclusivamente propios donde soy guardián de lo más vulnerable de mi persona. Está referida a lo de dentro, a lo más central. De ese ámbito son las verdades más personales: lo afectivo, la conciencia, nuestras pertenencias más verdaderas, nuestras relaciones… Generalmente somos celosos de nuestra intimidad; y así debe ser, ya que la exposición de ese ámbito personal al exterior nos coloca a la intemperie, sin defensas, corriendo el riesgo de ser heridos en lo más nuclear de nuestro ser.
   Mi relación con el hermano me lleva a intuir en él ese ámbito sagrado de la intimidad y a respetarlo en sumo grado. No tengo derecho a acceder a ello, ni lo pido, ni lo pretendo siquiera. Quizá haya momentos en los cuales el hermano me invite a conocer algunos secretos de su persona. Serán aspectos gozosos o dolorosos, alegres o tristes, pero seré testigo de una de las mayores maravillas de la vida: la vida más personal. También yo mismo estaré dispuesto a abrirme a su presencia y le mostraré rincones de mi persona. Será uno de los momentos mejores de la fraternidad.
   Y Dios en medio, porque me alimenta a través de mi hermano y, a su vez, también estoy siendo alimento de Dios para él. Así vamos ahondando y creciendo en humanidad.

Carta de Asís, octubre 2015 




domingo, 25 de octubre de 2015

AL BORDE DEL CAMINO

En mis años de docencia, que ya van para 25, he ido observando cómo los alumnos, sean de la edad que sean, han ido pasando de una capacidad de sorpresa y más o menos gusto por el aprendizaje, a casi un desinterés superlativo y a una casi nula capacidad de agrado ante los nuevos retos. Y creo que no estoy descubriéndole a nadie esta situación, solo la traigo a colación con motivo del Evangelio que nos acompaña este domingo.
   Tanta información en la calle y la rapidez de la consecución de esta por medio de la tecnología ha hecho que los que nos dedicamos a la enseñanza tengamos que rizar una y otra vez el rizo para que a los niños y jóvenes les interese mínimamente un aprendizaje. Triste situación pero una llamada al reto continuo. Y como padres hay muchos que me cuentan una y otra vez lo mismo. ¿Cómo relacionamos esto ahora con el ciego Bartimeo?
   Lo primero que me llama la atención es el dato de Marcos de “estar al borde del camino”. Este sitio es el de los que no quieren ser protagonistas de una determinada actividad. Nos ponemos al borde del camino cuando vamos a ver una carrera, una procesión… cualquier acontecimiento en el que nosotros no somos los protagonistas y sólo deseamos ver cómo lo hacen los demás.
   Cuando esta actitud es solo puntual porque no en todo participamos, es deseable incluso, porque también los hay que por estar siempre en medio no dejan hacer, pero en el caso de que sea el lugar donde niños, jóvenes y adultos se instalan, la situación se complica y la ceguera se hace crónica.
   El ciego Bartimeo es un apartado externo e interno. Externo porque por ser ciego ya no contaba en la sociedad y está fuera del camino de la vida e interno porque él ya se lo ha creído y ha hecho de ése, su sitio. Pues al igual que el ciego muchas personas y niños ya se sitúan al borde del camino sin ser protagonistas de su propia historia. Y viviendo en ceguera van pasando los días esperando que otros les den una buena noticia.
   Es hora de “dar un salto” y gritar de dentro hacia fuera que la vida se hace viviéndola y poniéndose en mitad del camino. Y eso es lo que hace Jesús con él, abrirle a la verdad para no vivir más desde la pasividad. Que Jesús le curara o no una ceguera física creo que no es importante y nada podríamos nosotros aprender de ello, es el descubrimiento de Dios dentro de nosotros lo que nos hace dejar una vida como actores secundarios a pasar a ser responsables de nuestra existencia.
   Todos estamos expuestos a esta oportunidad, solo hay que estar atento a “las mociones del Espíritu”, como decía San Ignacio y actuar.
CLARA LÓPEZ RUBIO 


miércoles, 21 de octubre de 2015

VIVIR EN ARMONÍA

Una manera de entender el franciscanismo es entender la espiritualidad de san Francisco como un camino para vivir en armonía. Aqui tenemos unas pistas para empezar:
  • Deja un poco más sitio a Dios en tu vida, nos dice Francisco. Que los criterios evangélicos cuenten realmente en tus días. Cree en el Evangelio, obra conforme a lo que dice. Sin más. La armonía asomará el rostro.
  • No hagas caso de los cantos de sirena de quienes nos dicen: tú preocúpate de que a ti te vaya bien y los demás, allá penas. No, siéntete hermano para que la alegría de vida y su íntima armonía cobren verdad y rostro.
  • Elige lo simple, lo normal, lo cotidiano. No te avergüences de ser como todos, de ser pueblo, de ser comunidad. En lo común vivido con gozo habita la armonía.
  • No te enfades por estar abajo, por no tener mando. Ahí se puede ser feliz, te puedes realizar, puedes estar contento. Estar abajo no es malo para quien aspira a la armonía.
  • Que te afecten las pobrezas, que sean para ti lugar de encuentro. No huyas de ellas, porque ahí se encierra, sin duda, el extraño fulgor de la armonía.
  • Ora con confianza, como quiere Jesús. Gusta del silencio. Ama la contemplación de lo creado. Disfruta con el don que es vivir y respirar.
  • Y pon en tu vida una dosis creciente de alegría. Alegría vivida en las pequeñas cosas, en los sencillos acontecimientos, en lo bello que está en nuestras manos. Si no nos apuntamos a la alegría, ¿cómo vamos a estar en armonía con nuestra sencilla vida?
 Fidel Aizpurúa, capuchino

domingo, 18 de octubre de 2015

PUES MENOS MAL…

Pues sí, menos mal que Dios no tiene nuestros criterios ni acepta nuestros esquemas. Al menos esa es la conclusión a la que he llegado después de un montón de años. Y parece sencillo pero esto me ha llevado a no pedir, a no formular oraciones ni deseos sino únicamente a aprender a aceptar y acogerlo todo como ocasión de experiencia de Dios.
   Y esto me viene hoy a colación porque los dos hijos de Zebedeo sí que hacen una petición contundente. Y se la creen. Vamos, que creen que tienen poder para exigir lo que desean. Así como si Dios no tuviese otra cosa que hacer que atender a nuestros deseos sin más.
   Jesús lo tiene claro y les contesta con autoridad. Y su respuesta se ve avalada con su experiencia, con su modo de vida y de relacionarse con su Padre: “si es posible que pase… Pero que no se haga como yo deseo”.
   Porque supongo que una de las cosas que Jesús tenía más claras es que hay procesos en la vida que no entendemos ni nos son fáciles y no por ellos hay que cortarlos. Y menos aún que Dios lo vaya a hacer. Así que ¿de qué me sirve orar para que algo no suceda o suceda otro tanto? Sé que el tema no es sencillo y que incluso toca uno de los pilares de nuestras prácticas religiosas pero se clarifica cuando se vive a Dios como una realidad interna que no puede dejar de ser, se viva lo que se viva. Y que por tanto no puede venir en mi ayuda porque ya está, porque ya es. Y que intentar cambiar el devenir de los acontecimientos no está ni siquiera lo más seguro en sus Planes, ya que es algo que nos toca a nosotros hacer. Un profesor de teología hace mucho años nos dijo en la clase de Cristología algo que me marcó para siempre: “Dios solo es Todopoderoso en el amor”. Casi nada.
   Así que los dos jóvenes se fueron cabizbajos, no habían encontrado su deseo satisfecho. Lo que no sabemos es lo que sucedió después. ¿Sería ocasión de crecimiento personal y espiritual al replantearse cosas? O ¿les sirvió para juzgar a Jesús y opinar de Él que era un “don nadie”? Así que cuidado con nuestras reacciones a la hora de pedir y no ver nuestro deseo concedido o necesidad escuchada.
   ¿Y si más bien no mejoramos en la confianza en Dios que por cierto vive dentro y del que no procede nada que no suponga una experiencia en lo más profundo de sí mismo? Una tremenda aventura a la que estamos invitados a vivir.
CLARA LÓPEZ RUBIO


miércoles, 14 de octubre de 2015

PROTAGONISMO O VIVIR A TOPE

Hay ocasiones en las que un suceso que ocurre delante de tus ojos te muestra una realidad de una forma muy clara. En unas ferias de una ciudad una niña estaba subida en un burro, en una de esas atracciones de animales vivos para infantes. Lo que me llamó la atención fue que estuvo durante un buen rato mirando hacia atrás en dirección a la cámara que su padre portaba y así ser la actriz principal del vídeo que se estaba rodando.
   Me vino claramente la certeza de que esa niña estaba dejando de disfrutar plenamente de esa experiencia de jinete, a cambio del protagonismo de ese momento, y el que iba a tener en el futuro, cuando su familia le viera en la grabación. Y me hacía consciente de la estafa de ese “trueque” tan habitual en nuestra cultura actual.
   Cuántas veces vemos que cuando alguien tiene una buena experiencia, lo primero que se le ocurre, casi antes de acabar de tenerla, es sacarse una foto para subirla al Facebook o al WhatsApp, como si fuera más valioso que los demás admiren lo que estás haciendo, que la propia experiencia vivida. Y no sólo eso, sino que esa actitud implica, que no te dejas disfrutar del momento, o que pones intermediarios tecnológicos entre tu persona y la vivencia: con lo que eso supone de no sentirla plenamente. Eso es lo que sucede cuando en medio de un concierto vemos cientos de móviles encendidos grabando, dentro de un éxtasis general, como si fuera la mayor de las satisfacciones que otros sepan qué estoy disfrutando. En cambio lo que ocurre es que mientras que estás pendiente de cómo queda el vídeo te estás perdiendo la comunión plena que supondría sumergirte en el sonido y la actuación de tus cantantes favoritos. ¿Qué preferimos, el protagonismo o vivir plenamente cada momento?
Javi Morala, capuchino


domingo, 11 de octubre de 2015

CAMINAR HACIA DENTRO

Con mucha ilusión se acercó el joven de la parábola a Jesús para que éste le dijera la pieza que le faltaba para completar su puzzle. Con gran pena se marchó cuando al oírla de labios de Jesús descubrió en él una atadura y enorme apego que no le permitía continuar el camino hacia dentro si es que ya no lo había comenzado. Y es que en esto de la vida espiritual lo que no puede haber es engaño. Y mira que lo intentamos una y otra vez.
   Me da mucha ternura imaginarme la escena. Habla el evangelio de que era joven; con ilusión por continuar su vida ahora con la ayuda del Maestro. Pero no pudo comenzar con él la gran aventura. Eso no, pídeme otra cosa, quizá le diría. Y Jesús de forma tierna le tuvo que contestar que ni siquiera era Él el que se lo pedía, sino su mismo espíritu frente a su propio ego. Y eso es lo que la vida nos va pidiendo conforme avanza el tiempo: aprobar la asignatura por la que nuestro ego se resiste a pasar para ser libres, para bajar a lo más profundo.
   Y se marchó triste… Porque lo que es imposible es escondernos a nosotros mismos lo que nos impide crecer hacia dentro si se vive una vida mínimamente consciente, anclada en el presente y con “las ventanas abiertas del revés para poder mirar por dentro”, como dice la letra de una canción.
   Nunca me cansaré de poner el caso del propio Jesús, que aún siendo su “misión” lo más legítimo que podía hacer le tocaba como última pieza de su puzzle desapegarse hasta del cumplimiento de la misma para no estar apegado absolutamente a nada. Y él podría haberse dado la vuelta y haberle pedido al Padre una prolongación de su tiempo para acabar la misión de otro modo, porque hablar del Reino urgía. Y “qué poco práctico” fue su camino en apariencia. Pero la consciencia, libertad y presencia de Jesús, le hicieron ver claro que era eso lo que tenía que entregar y no podía pedir una prórroga.
   Examinemos hacia dentro cuántas y qué piezas son las que nos faltan. El puzzle se nos pedirá entero y la vida saldrá una y otra vez a nuestro encuentro para moldearnos con aquello que nosotros en principio nos resistimos a entregar.
CLARA LÓPEZ RUBIO


martes, 6 de octubre de 2015

OTRA FORMA DE VIDA CON MÁS SENTIDO

A veces, cuando nos ponemos trascendentes, nos preguntamos si vivir es eso: estudiar, trabajar, salir de fiesta, descansar, viajar algo… y poco más.
   Está el “coro” de los realistas que dicen que no hay que marear la perdiz: las cosas son como son y hacerse preguntas es perder el tiempo.
   Otros, sin embargo, los llamados “utópicos”, intuyen que las cosas tienen que ser de otra manera, que hay algo debajo de la piel.
   Como decía Heráclito: “La armonía de lo invisible es mayor que la armonía de lo visible”.
   Hay otra forma de vivir, pero hay que construirla y luego descubrirla.
   Construirla y descubrirla.
   Construirla poco a poco en tu casa, en tu tierra, en tus hábitos de vida, en tus opciones cotidianas.
   Y luego descubrirla, fijarse en ella, abrirle paso, dejarle que hable y que haga propuestas.
   Gandhi decía que hay que vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir.
   Y Saramago, por su parte, afirmaba que no cambiaremos la vida si nosotros no cambiamos de vida.
   La vida puede ser más simple, las necesidades se pueden ir ajustando, dedicar mucho más espacio para la relación con la familia, con los demás y con uno mismo.
   En la forma de vida de siempre hay debajo otra manera de vivir nueva, con brillo, con sencillez, con gozo elemental, en comunión con la gente y con los días, en contacto con la “magia” que la habita.
   Se trata de seguir siendo la misma persona, pero con otro aire en la vida, aunque no se sepa muy bien cómo explicarlo.
   Hay un secreto, una presencia, en esta vida nuestra tan desmadejada.
   Francisco de Asís intuyó que un nuevo tiempo estaba naciendo, y buscó una forma de vida y una espiritualidad llenas de autenticidad.
   Su experiencia espiritual reverbera en sus palabras, y esas palabras suenan como latidos, irradian vida, nos animan a mirar y a sentir a fondo, y a buscar con la libertad del Espíritu, nuestras propias palabras.

domingo, 4 de octubre de 2015

FRANCISCO DE ASÍS, AVENTURERO DEL EVANGELIO

Francisco de Asís ha sido, no lo dudemos, un aventurero. Fue tremenda aventura romper con su familia y lanzarse a una vida evangélica incierta en un molde nuevo que no existía hasta entonces; fue una aventura comunitaria hacer una fraternidad con personas tan distintas, con sus fallos, con sus anhelos; fue una aventura arriesgada lanzarse a ofrecer el Evangelio por los caminos, sin más amparo que el del Padre y sin más respaldo que la bondad del corazón de la gente; fue una aventura difícil vivir en paz y sosiego, en comprensión y respeto en una Iglesia convulsa y llena de asuntos oscuros; fue una tremenda aventura escribir una Regla que reflejara el Evangelio para todo franciscano; fue una entrañable aventura llegar a entender y amar la creación como a una hermana; fue una aventura, finalmente, lanzarse a los brazos del Padre con la confianza de que siempre lo habían acompañado y que “le rodearían los justos cuando le alcanzase el favor de Dios” como cantó en su muerte con las palabras del Salmo. No es una exageración calificar a Francisco de aventurero del Evangelio.
   Cuando le decían a Alejandro Labaka, obispo capuchino muerto por los indígenas en las selvas amazónicas de Ecuador, que era un aventurero, él solía replicar con una sonrisa en los labios: “Y si le quitas al Evangelio la aventura, ¿qué queda?”. Y tenía razón. Un Evangelio sin aventura es una mediocridad, algo que no merece la pena vivirse.
Fidel Aizpurúa, capuchino


miércoles, 30 de septiembre de 2015

SOBRE LA CONFIANZA

La confianza es un sentimiento básico que vamos aprendiendo desde que nacemos al escuchar la voz de nuestra madre, y ver su rostro, y el de todas las personas que nos quieren. Luego, en las distintas etapas de la vida, tendremos que aprender a confiar a pesar de que, en el recorrido vital que nos toque hacer no sea todo fácil.
   En muchos momentos de la vida, con sus dificultades y decepciones nos llenamos más de miedo y de desconfianza. Nos cerramos sobre nosotros mismos y se impone el “sálvese quien pueda” tan típico de esta sociedad egoísta e individualista en la que vivimos, frente a una actitud de confianza en nosotros mismos y en los demás.
   Porque, muchas veces también nos encontraremos personas o situaciones que hacen desaparecer nuestros recelos y nos llevan a la confianza en la posibilidad de una existencia plena y gratificante.
   La confianza se aprende confiando y se confía cuando, humildemente, se reconocen las dificultades en las relaciones, así como la necesidad de confiar en los otros para vivir.
   Aprendemos a confiar cuando vamos conociendo a las otras personas con las que nos relacionamos y que, a pesar que muchas veces no cumplen las expectativas, siguen estando cerca de nosotros en los momentos más necesarios.
   La confianza es ese modo de estar en la vida que nos lleva a vivir con la libertad necesaria para no querer controlar nuestra existencia, ni la de los demás. Confiar es vivir abierto a los demás siendo solidarios con los otros, compartiendo vida, medios, tiempo… para hacer un mundo más justo.
   Para aprender a confiar tenemos un maestro muy especial: Jesús. Él con su ejemplo y su acogida nos dice que podemos descansar en Él plenamente y, con Él, llevar a cabo la instauración de su Reino de justicia y solidaridad en este mundo.

Carta de Asís, septiembre 2015


domingo, 27 de septiembre de 2015

ARROJAR, CORTAR, SACAR

Es normal que a lo largo de la vida nos vayamos impregnando del polvo del camino y que nuestra materia original, “el barro con el que fuimos creados”, se vuelva con el tiempo una sustancia artificial que se ha visto modificada por la gran cantidad de apegos que poco a poco se van originando en nosotros. Solo una atención constante podría en mayor o menor medida librarnos de este proceso, aunque es muy difícil. Lo que sí está en nuestra mano es arrojar lo que ya no nos hace crecer, cortar lo que nos sobra y sacar lo que no es nuestro … Hacer del desapego nuestra forma de vida.
   Quiero con ello darle la vuelta al evangelio de hoy, es decir poner la primera parte como última. Jesús aconseja tal y como es su experiencia deshechar todo aquello que aleja de la esencia. Creo que eso Él lo traduce como “escandalizar”. Con ello está colocando los cimientos para alejar de Él todo juicio hacia otros tipos de pensamientos y personas, por lo que entonces está preparado para “abrazar” cualquier fenómeno o acción que no necesariamente tenga que venir de su entorno más próximo.
   Cuando se encuentra la verdadera esencia y dentro de unos puntos comunes en las distintas corriente de pensamiento o en las manifestaciones religiosas, no habrá diferencias sustanciales porque lo que une es interno. De ahí que Jesús no “entre al trapo” cuando le presentan a aquel que echa demonios en su nombre y no es de ellos: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro”.
   Y sería conveniente cuestionarnos en nuestra vida personal y de cara a nuestras relaciones externas qué parapetos ponemos, qué barreras, a los que no sentimos que son de nuestro entorno porque Dios no tiene grupos ni tendencias ideológicas. “Dios es y basta”, como decía Francisco.
CLARA LÓPEZ RUBIO


jueves, 17 de septiembre de 2015

A PESAR DE MI ESCASA MEMORIA, RECUERDO…

A pesar de mi escasa memoria, recuerdo que había una cosa que me llamaba mucho la atención de mis primeras oraciones de laudes con los capuchinos. Era cómo comenzaban: “Dios mío ven en mi auxilio”. Me parecía que tenía poco que ver conmigo y con mi relación con Dios. Me daba la impresión de que había demasiado dramatismo y que por supuesto, así poco atractivo vocacional iban a tener los frailes.
   Rememoro esto porque en otros laudes, veintidós años después rezaba con esta frase: “Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado” (Sal 85, 1). Y conectaba porque el desamparo parece que ayuda a estar abierto a Dios, frente a la autosuficiencia o el creer que lo tienes todo controlado; situaciones en las que no necesitas a nadie más que a ti mismo.
   No es que haya que poner “pose” de desgraciado o dárselas de humilde, sino que si miramos dentro de nosotros, descubrimos una carencia congénita, una vulnerabilidad profunda que casi siempre queremos esconder o compensar: es esa soledad de fondo con la que algunas veces nos encontramos si nos permitimos sentir interiormente. Es esa fragilidad propia que no somos capaces de aceptar, de asumir con paz, de convivir con ella sin taparla con mil intentos vanos de “ser alguien”.
   Por eso no entendemos lo que nos dice Jesús “Dichosos los pobres porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis porque reiréis” (Lc 6, 20). Si somos capaces de reconocernos en nuestra pobreza y convivir con ella sin huir; si somos capaces de dejarnos sentir nuestras hambres sin hacer oídos sordos con mil estímulos que nos entretienen y permanecemos en nuestra realidad frágil, entonces inclinaremos nuestra existencia al Dios de la Vida y le dejaremos entrar en nuestra casa. Entonces seremos habitantes del Reino de Dios y quedaremos saciados. Y descubriremos que la fragilidad esconde cierta belleza como recita Fermín Herrero en uno de sus poemas que me pasaron hace poco:

Todo lo bello es frágil: los trenes
cuando olían, la escarcha en los ribazos, la boca
de los niños aún sin término, el tacto
del silencio en los camposantos a la orilla
del mar, la redondez si es fruto, el ruiseñor,
su rama. Acaso la memoria. Todo lo verdadero
es frágil. Y es inútil.
Javi Morala, capuchino 


domingo, 13 de septiembre de 2015

Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY?

Esta famosa pregunta del Evangelio creo que es la que más veces se plantea a lo largo de la vida de un creyente, sobre todo en etapas de formación y en contextos de retiros y convivencias. Me es curioso como a lo largo de toda mi trayectoria espiritual me recuerdo intentando contestar a ella con palabras bonitas que expresaran lo que podría ser la respuesta “correcta”o al menos la que me permitiera después compartir cuál había sido el fruto de mi reflexión. Con el paso de los años y cuando ha habido más hondura espiritual y por tanto un comienzo del abandono de lo racional me doy cuenta de que hoy en día yo ya no podría contestar ni a esa pregunta ni a tantas otras porque mi mente, desde el mundo de las ideas, que es el único que conoce, ya no tienen nada que decir a cuestiones de ese tipo. Ante planteamientos semejantes te puedo como mucho contar una experiencia o una emoción que vaya de la mano.
   Y esto, gracias a Dios, ¿para qué me ha servido? Lo primero para mi crecimiento y además para no hacerle ya a mis alumnos este tipo de preguntas y en todo caso para pedirles una y otra vez que no contesten ni en este campo ni en ninguno con la cabeza, o al menos con aquello que ellos creen que a mí me puede gustar o que han aprendido de otros y que para nada expresa lo que sienten o creen.
   El resultado es cuanto menos curioso cuando a un niño o a un joven le miras fijamente y le dices: “y eso que me has respondido ¿tú te lo crees?”
   Por ahí creo que iba la intención de Jesús cuando le hace a sus amigos esa pregunta. Porque como buen pedagogo, se ganó el título a pulso en la facultad de la vida, primero se dirige a sus mentes: “¿quién dice la gente que soy?” Y cuando les ha dado la oportunidad de divagar y contar las habladurías y “marujeos” les pide que bajen a su corazón y el que pueda a sus entrañas y le respondan desde lo que cada uno es. Ojalá el Evangelio nos diera más datos de este momento, tuvo que ser de oro.
   Y es curioso que ante el desmarque de Pedro con su inteligente respuesta les prohiba inmediatamente que “se copien” de lo que Pedro acaba de decir. Y es que la experiencia personal está por encima de la transmisión de lo que he oído que han dicho.
   Entramos así en un tema difícil de lidiar, la Evangelización. En muchas ocasiones ésta ha pasado de un compartir la experiencia personal de Dios, que creo que es la que deja de verdad huella en el otro y le impulsa entonces a querer también hacer vida eso, a una mera transmisión de ideas aprendidas que pretenden convencer. Santa Teresa llama mucho la atención sobre esto y pide un conocimiento profundo de Cristo y un caminar en la experiencia.
   De todos modos, tenemos tan relacionada la cabeza y por tanto todo el mundo de los juicios y expectativas con nuestra vida, que aunque en principio intuyo que la respuesta de Pedro surgió de los más profundo de sus entrañas, inmediatamente cortó la conexión y desde sus miedos intentó ponerle “puertas al campo” y limitar la vida del Maestro ante lo que era ya cercano que sucediera.
   Entrar en las claves de Dios, desde la dimensión espiritual, no racional ni religiosa, trae consigo quedarse sin parapetos ni apoyos. Ir subiendo una escalera cuyos escalones se van desintegrando sin dejar posibilidad de marcha atrás. Ahí está el reto y también la maravilla de ir adentrándose hasta el corazón de Dios que resulta estar dentro de nuestro ser más profundo.
   Una invitación por mi parte a los que tenemos personas a nuestro cargo en cualquier campo a permitirles que fluyan hacían dentro y a no cargar de ideas vacías de sentido lo que sólo puede proceder de la experiencia. Formación, sí, pero no adoctrinamiento. Atención profunda a esto.
CLARA LÓPEZ RUBIO

jueves, 10 de septiembre de 2015

LOS COLEGIOS CAPUCHINOS Y LAS OBRAS DE MISERICORDIA

Una vez acabado el curso, los profesores y los maestros repasamos las vivencias del año transcurrido. Sumido en estas reflexiones, por casualidad me encontré con las obras de misericordia y me he dado cuenta que nuestro trabajo (en ocasiones sufrido y poco valorado) las cumple de manera admirable:

OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES:
1.- Enseñar al que no sabe: Uno de los objetivos fundamentales de la escuela. Especialmente aquellos centros que somos sensibles con la diversidad, planteamos programas de apoyo o refuerzo para ayudar, precisamente al que más le cuesta.
2.- Dar buen consejo al que lo necesita: Todo buen docente es un tutor de los alumnos a tiempo completo. Aconsejar, explicar, repetir una y mil veces los consejos… eso es el día a día de un centro educativo.
3.- Corregir al que está en error: Ya sea en un tema académico o en cuestiones personales o humanas.
4.- Perdonar las injurias: Es curioso como en los colegios la gran mayoría de los conflictos “irreconciliables” entre los alumnos, finalizan con un profesor que logra un apretón de manos, un “perdón a regañadientes” y una feliz vuelta a la normalidad.
5.- Consolar al triste: ¿Cuántas veces no nos encontramos con un alumno con lágrimas en los ojos ante el que dedicamos un buen rato de nuestro “valioso” tiempo? Nunca es tiempo perdido aunque dejemos de atender programaciones didácticas, pospongamos llamadas telefónicas a padres o retrasemos el comienzo de una clase.
6.- Sufrir con paciencia los defectos de los demás: Porque esa es uno de los mayores esfuerzos que hace un profesor, la paciencia. Paciencia para enseñar, para corregir, para repetir, para orientar, en definitiva, para lograr que nuestros alumnos sean cada vez mejores y sepan enfrentarse a las cuestiones de la vida.
7.- Rogar a Dios por vivos y difuntos: ¿En cuantos funerales de padres, abuelos y otros parientes ves a un profesor? Seguramente no le tendrás en primera fila, tal vez el alumno sea el único en toda la iglesia que le conozca. Pero eso no es impedimento para que en esos momentos difíciles tengas ahí a aquellos que son parte de tu vida.

Decía un profesor de mi infancia que el colegio es “la segunda familia” y no le faltaba razón. Los Colegios Capuchinos de España somos una pequeñita familia dentro de la orden de los Capuchinos, pero sin duda manifestamos una completa implicación para llevar las obras de misericordia a toda esta comunidad que depende de nosotros.

Javier García Galán, Profesor del Colegio de Capuchinos de Santander

martes, 1 de septiembre de 2015

GUARDA ESTE TEXTO Y LÉELO CUANDO TE SIENTAS TRISTE

  • Para alguien, tú eres el todo
  • Tu sonrisa puede alegrar hasta a las personas que no gustan de tí
  • Cada noche alguien piensa en ti antes de ir a dormir
  • En muchas ocasiones la única razón por la que alguien puede odiarte es porque realmente esa persona quiere parecerse a ti, ser como tú.
  • En el mundo hay al menos dos personas por quienes estarías dispuesto a dar tu vida..
  • Al menos 13 personas te aman, aunque sea a su manera
  • La vida es demasiado corta como para levantarse cada mañana con tristeza y arruinar el resto del día, ¡alégrate!
  • Ama a las personas que te tratan adecuadamente, y olvídate de aquellas que no lo hacen, y ten presente que todo pasa por algo.
  • Incluso si cometieras el error más grande de tu vida, con esto vendrá también algo bueno.
  • Cuando crees que la vida te dio la espalda, cambia tu perspectiva hacia ella, mírala desde otro ángulo
  • Recuerda siempre que si la vida te da otra oportunidad, ¡significa que lo vas a lograr!
  • Si tienes una oportunidad ¡no la desperdicies! Si esa oportunidad puede cambiar tu vida, deja que eso suceda
  • Nadie dijo que fuese fácil, solo dijeron que el esfuerzo vale la pena
genial.guru


martes, 25 de agosto de 2015

SIEMPRE ME PASA LO MISMO Y ME GUSTA…

Siempre me pasa lo mismo. Cuando vuelvo de experiencias importantes como Urbasa, Taizé o campos de trabajo me siento ajeno a muchos aspectos de la vida occidental con la que me encuentro. Me siento ajeno de la televisión, de las vueltas y vueltas que dan a cada detalle de la vida futbolística, ajeno de la preocupación por tener que hacer no sé qué cosas que todos hacen, me siento ajeno de la necesidad de tener que ir presentable y ajeno de muchas cosas más. Y esta sensación me gusta porque me siento más libre, siento que la corriente social no me arrastra, que puedo tomar distancia y elegir qué es lo que realmente quiero y tiene que ver conmigo.
   Y es que en estos lugares la vida se centra en cosas que te llenan y que relegan a un segundo plano lo que se supone que es tan importante. En estos paraísos como Urbasa y Taizé nos encontramos personas que sacan lo mejor de sí mismas y nos damos cuenta de toda la riqueza que hay en cada ser humano. Y cultivamos unas relaciones donde la confianza y el cuidado del otro no se ven difuminados por nuestras corazas y mecanismos de defensa. Estos lugares están llenos de Espíritu porque nos damos espacio para la relación con la naturaleza, con el silencio, con nuestro interior y también con Dios. Por eso nos sentimos como en casa, y la alegría, las ganas de vivir, la confianza en uno mismo y miles de sentimientos salen a relucir. Esto mismo es lo que intentamos vivir semana a semana en nuestros grupos de Jufra, y que sin tanta intensidad pero con la fuerza de lo cotidiano, vamos dejando posar en el corazón de cada uno. 

Javi Morala, capuchino

martes, 18 de agosto de 2015

EL PAPA INSTITUYE LA JORNADA DE ORACIÓN POR LA CREACIÓN

El papa Francisco ha instituido la Jornada Mundial de Oración para el Cuidado de la Creación, y lo ha hecho a través de una carta enviada al cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, y al cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Se celebrará cada año el 1 de septiembre. Esta jornada será un nuevo signo visible de la preocupación del Santo Padre y de la Iglesia por la Creación y su cuidado, tal y como ha quedado reflejado en la recién publicada encíclica Laudato Si’.
   El Metropolita Ioannis de Pérgamo, durante su intervención en la presentación de la Encíclica Laudato si’, contó que ya desde 1989, el Patriarcado Ecuménico decidió dedicar el 1 de septiembre de cada año para orar por el medio ambiente. Y se preguntó si no podría ser una jornada de oración para todos los cristianos. Tal y como lo explica Francisco al inicio de su carta, acogiendo esta sugerencia, ha decidido instituir también en la Iglesia Católica la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación».
   El Pontífice recuerda una vez más que como cristianos, “queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad”. Para ello --asegura-- debemos ante todo extraer de nuestro rico patrimonio espiritual las motivaciones que alimentan la pasión por el cuidado de la creación.
   De este modo, el Papa advierte que “la crisis ecológica nos llama por tanto a una profunda conversión espiritual”. Por eso, subraya que los cristianos están llamados a una "conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea".
   La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, explica Francisco en su carta, ofrecerá a cada creyente y a las comunidades “una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos”.
   Además, también reconoce que la celebración de la Jornada en la misma fecha que la Iglesia Ortodoxa “será una buena ocasión para testimoniar nuestra creciente comunión con los hermanos ortodoxos”.
   Al repecto, asegura que vivimos en un tiempo en el que los cristianos afrontan idénticos e importantes desafíos, y a los que se debe dar respuestas comunes, “si queremos ser más creíbles y eficaces”. Asimismo, el Santo Padre manifesta su deseo de que esta Jornada pueda contar con la participación de otras Iglesias y Comunidades eclesiales y se pueda celebrar en sintonía con las iniciativas que el Consejo Ecuménico de las Iglesias promueve sobre este tema.
   A continuación, el Papa pide al cardenal Turkson que ponga en conocimiento de las Comisiones de Justicia y Paz de las Conferencias Episcopales, así como de los Organismos nacionales e internacionales que trabajan en el ámbito ecológico, la institución de esta Jornada, para que la celebración “se organice debidamente con la participación de todo el Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos”. Este dicasterio deberá llevar a cabo iniciativas adecuadas de promoción y animación, “para que esta celebración anual sea un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes”.
   Finalmente, la petición para el cardenal Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, es que se ponga en contacto con el Patriarcado Ecuménico y con las demás realidades ecuménicas, “para que dicha Jornada Mundial sea signo de un camino que todos los creyentes en Cristo recorren juntos”. Este dicasterio se ocupará de la coordinación con iniciativas similares organizadas por el Consejo Ecuménico de las Iglesias.
zenit.org

lunes, 10 de agosto de 2015

LA OTRA ORILLA

El verano es un tiempo que no siempre ni para todos es de descanso a pesar de tener vacaciones laborales, si es que se tienen éstas o se tiene trabajo para poder entonces tener vacaciones. La cuestión es que en un caso o en otro cuando llega ese tiempo en el que nos sentimos libres de obligaciones o al menos descargados de ellas, surgen de nuestra mente un montón de fantasmas que en modo alguno nos dejan disfrutar de ese tiempo, quizá porque no hemos aprendido a hacerlo o no nos lo permitimos el resto del año. Porque el tiempo de vacaciones no tendría que ser otro que el de descarga de actividades y el de reencuentro con todo aquello que nos hace sentirnos como en casa y ese sitio está en nosotros, en lo más profundo, en esa Morada Interior con la que todos contamos, de la que nos habla Santa Teresa y que a veces es tan extraña.
   En nosotros existe siempre la necesidad de como Jesús “ir hacia la otra orilla”, porque es donde verdaderamente somos auténticos y estamos conectados con lo más profundo. Y es una invitación a hacerlo todo situándonos desde allí.
   En este mismo sentido iría la invitación de Jesús a Marta cuando afanada en las mil tareas de la casa perdía la Presencia en ese momento en el que Jesús estaba presente a diferencia de su hermana María que sabía gustar del momento presente.
   “Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado”, donde los juicios ya no tienen fuerza, donde no nos dejamos guiar por las expectativas, donde somos capaces de vivir desde el desarraigo. Ese es el estar que nos procura las verdaderas vacaciones.
   En Taichi se trabaja mucho la sensación de “quietud en el movimiento y el movimiento sintiendo la quietud”, al fin y al cabo misma esencia que la experiencia de los místicos. Dice el I Ching, que es un libro oráculo e chino sobre la Verdad Interior: “Sobre el lago sopla el viento y remueve la superficie del agua. Así se manifiestan efectos visibles de lo invisible” y estaremos de acuerdo en que dependiendo de en la orilla en la que nos encontremos hasta nuestra propia cara reflejará la quietud o tensión que estemos viviendo.
   Francisco de Asís fue un buen ejemplo de esta experiencia. Viviendo en la orilla de la fama, la guerra, la riqueza… Se presentaba como un muchacho tenso y un tanto desequilibrado. Su gran conversión fue el descubrir la riqueza del ser que le hizo situarse en una conexión tan profunda consigo mismo y con Jesús que hizo vida todo lo que le invadía por dentro.
   Estamos llamados a hacer de nuestra vida unas eternas vacaciones viviendo en lo profundo desde la otra orilla. Y eso se logra con un gran entrenamiento que comienza por hacernos realmente presentes en nuestra vida, no dejando que las cosas nos zarandeen sino respirando todo lo que nos sucede.
   “Entremos más adentro en la Espesura”, es la invitación de San Juan de la Cruz. “Vayamos a la otra orilla”, es la expresión de Jesús. ¿A qué esperamos?

CLARA LÓPEZ RUBIO