jueves, 19 de abril de 2018

TODO ESTÁ CLARO

Estoy en el Sur
Sola, en una casa, junto al mar.
Es invierno. Amanece muy tarde.
Estudio siempre el comienzo del día.

Sale el azul cielo,
el gris-agua amarinado,
los rebabas blancas de las olas,
las dunas terracota
los puntos verdes entre los pinos.

Saca Dios su flexo sobre el mundo,
abrillanta los colores.
Todo está claro. Se ha hecho la luz.
Que gran acuarelista,
Que gran trabajo.
María Antonia García de León

 

martes, 17 de abril de 2018

LA RESURRECCIÓN ENTENDIDA COMO MANANTIAL DE AMOR

Hay muchas maneras de decir la resurrección de Jesús. Casi todas ellas de componente ideológico, dogmático. Algo inapelable envuelto en el misterio. No se sabe qué es, no se entiende, porque es misterio. ¿No habría otra manera de decirlo, una manera que nutriese más, que alegrase más, que sugiriese más? ¿Una manera que no fuese fría e impenetrable? ¿Cómo reproducir la exclamación de aquel o de aquella primera discípula que dijo “está vivo”?

Es la pregunta que muchos se han hecho, aunque su pregunta pase casi desapercibida por su contraria: ¿de dónde brotan el bien y la belleza? Casi siempre nos preguntamos por la fuente del mal. ¿Y la fuente de la bondad, dónde está? Esa misma es la pregunta de la resurrección.

Tiene que brotar, necesariamente, de una fuente de amor donde se halle el origen del amor. La física cuántica ha querido llegar al último ladrillo de la existencia analizando las partículas más indivisibles. Hasta que ha logrado intuir que lo último está en la interdependencia, en el amor.

Por eso, ¿cómo reformular la resurrección desde su fuente, desde el amor? ¿Cómo entender que para saber de resurrección (?) hay que saber de amor? ¿Cómo caer en la cuenta de que hablar de resurrección sin experiencia de amor es hablar de algo que se ignora? ¿Se podría hacer un intento de reformulación de la resurrección desde la perspectiva del amor?

Por cansina y estéril que nos parezca la palabra “amor”, volver sobre ella quizá pueda contribuir a una espiritualidad “nueva” sobre la resurrección y nos sitúe en parámetros alejados de una ideología que nos aporta poco. Quizá sea ingenuo plantearse una Pascua como Pascua desde el amor y para el amor. Pero tal vez haya ahí alguna posibilidad.
Fidel Aizpurúa, capuchino 

jueves, 12 de abril de 2018

VIVE LA VIDA

Vive la vida. Vívela en la calle
y en el silencio de tu biblioteca.
Vívela con los demás, que son las únicas
pistas que tienes para conocerte.
Vive la vida en esos barrios pobres
hechos para la droga o el desahucio
y en los grises palacios de los ricos.
Vive la vida con sus alegrías
incomprensibles, con sus decepciones
(casi siempre excesivas), con su vértigo.
Vívela en madrugadas infelices
o en mañanas gloriosas, a caballo
por ciudades en ruinas o por selvas
contaminadas o por paraísos,
sin mirar hacia atrás.
Vive la vida.
Luis Alberto de Cuenca

martes, 10 de abril de 2018

SOLTERO Y CUARENTÓN… (II)

El mes pasado citábamos este dicho: “soltero y cuarentón que suerte tienes cabrón”. Veíamos cómo reflejaba una idea de felicidad muy extendida en la actualidad, que tiene que ver con disfrutar y no tener incomodidades ni compromisos. Además defendíamos que se daba una extraña paradoja: que las personas que viven de esta manera -centradas en su disfrute- terminan solas en la vida, mientras que las que se entregan a los demás acaban, sus días, acompañadas.

Una amiga, al leer la reflexión, me comentó que no estaba de acuerdo y me ha hecho pensar y afinar mi argumentación. Creo que tiene razón –mi amiga- porque muchas personas que han entregado su vida terminan solas. El mismo Jesús, que “pasó por la vida haciendo el bien”, murió abandonado de su pueblo, de sus amigos y de sus discípulos. Si defendiéramos, en todos los casos, la literalidad de la paradoja citada, caeríamos en la religión utilitarista, de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, que parece que ya está superada.

Pero sí creo que la susodicha paradoja –"el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mí, la encontrará"- encierra una verdad un tanto sutil. Cuando me he encontrado con personas con un recorrido vital de entrega auténtica, en medio de su anciana fragilidad, mantienen una alegría y una manera de afrontar su vejez, envidiables. Encierran en su persona una valía, un sentido vital, una serenidad y una fortaleza que se trasparentan en su forma de hablar y relacionarse. No sé si todos y cada uno terminarán su vida más o menos acompañados, pero lo que sí voy viendo es que el darse a los demás, construye la persona y la hace recorrer la debilidad con entereza y esperanza.

Javi Morala, capuchino

jueves, 5 de abril de 2018

RESURRECCIÓN

Muchas personas están convencidas de que la clave del cristianismo, es decir, lo que lo distingue de otras religiones es el amor. A menudo recordamos las palabras de Jesús: “amaos los unos a los otros”.

Tratamos de hacerlas realidad, conscientes de que no siempre resulta fácil, ante las heridas y fatigas de cada día. Aun así, tratamos de querernos unos a otros y perdonarnos. Nos encontramos estas palabras en el evangelio, pero es patrimonio común de otros credos. Damos un paso más las completamos con otras palabras de Jesús: “Amaos los uno a los otros, como yo os he amado”.

En este mes de abril, en pleno tiempo de Pascua, celebramos y revivimos de manera especial el significado de esta afirmación de Jesús. Recordamos que, como se dice en el libro bíblico del Cantar de los Cantares, “el amor es mas fuerte que la muerte”. Celebramos que la muerte no tiene la última palabra, que la muerte es el camino de la resurrección, que la Cruz es símbolo de toda una vida entregada, que Jesús se entregó por nosotros, se desvivió y Dios lo resucitó…

La Pascua no ocurrió una vez, hace más de dos mil años, sino que sucede cada vez que renace la vida, y la vida no cesa de renacer ante nuestros ojos. No hay más que mirar a la creación en este tiempo de primavera. Recuerdo que en las clases de teología, hace ya unos cuantos años, el profesor nos hablaba del origen de la Pascua como de una fiesta de primavera: una fiesta de agricultores que celebraban la nueva cosecha, y otra fiesta de pastores que celebraban la “parición”, los nuevos nacimientos en los rebaños y los deseos de protegerlos de cualquier peligro. Luego se unieron las dos fiestas, y la fiesta de la naturaleza se convirtió en fiesta de la historia, en sacramento de todas las liberaciones pasadas y futuras como nos recuerdan diversos relatos bíblicos.

La Pascua no es la celebración de la muerte de un hombre en la Cruz. Es la transformación de la muerte en Vida.

La palabra fundamental de nuestro credo no es un sustantivo o un adjetivo sino un verbo suspendido entre el infinitivo y el participio: el resucitar, el Resucitado. Él nos pide que renazcamos cada día. Dios quiere que todo en nosotros sea vida, libertad, nobleza, grandeza y alegría.

La resurrección afecta hoy a nuestra vida y cada uno de nosotros está llamado a resucitar. Jesús no nos espera solo en el momento de la muerte, sino ya desde ahora, en cada latido de nuestro corazón.
Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 3 de abril de 2018

Y APARECES TÚ

Tiene la cantante Rozalén una canción simpática: “Ahora vas, y apareces tú”. Viene a decir que, cuando tenía mi vida organizada a mi gusto y capricho, apareces tú, aparece el otro. Y uno entonces no sabe qué hacer, si cerrarse en su rutina o abrirse al misterio del otro con todos sus interrogantes.

Esta Pascua podemos vivirla en esas maneras que tiene Jesús de aparecerse a nuestra vida. Lo tenemos todo organizado, todo planeado y, de repente, aparece Él y las cosas se mueven, empiezan a ir de otra manera. Vamos a pensarlo:
  • Jesús se aparece cuando no queremos saber de nadie y cuando nos cerramos a los demás. Se aparece en el rostro de quien lo pasa mal y nos dice: no te cierres, acógeme, ponte en mi lugar.
  • Jesús se aparece cuando no te falta de nada y consigues todos tus caprichos para decirte: hay gente que lo pasa mal, lo tuyo no es solamente tuyo, hay alguien que espera algo de ti.
  • Jesús se aparece cuando quieres no pensar en tu vida, dejarte llevar superficialmente, andar siempre como flotando. Jesús se aparece y te dice: ahonda, piensa un poco, plantéate las cosas con un poco de seriedad.
  • Jesús se te aparece cuando sabes que te estás aprovechando de alguien y sabes que estás haciendo daño a los demás. Se te aparece y te dice: no hay derecho a que hagas sufrir a nadie y menos a quien te quiere.
  • Jesús se te aparece cuando siempre estás con cara amargada e incordiando a quien te rodea. Se te aparece y te dice: disfruta de lo sencillo, alégrate con lo que tienes, mira en derredor y verás cosas hermosas aunque sean pequeñas. Si no sabes disfrutar, no sabes de la vida.
  • Jesús se aparece te alejas del que sufre, cuando no te importan las situaciones de los pobres, cuando solo vas a lo tuyo. Jesús te dice: mi rostro es el de esos que no quieres ver, mis manos son las que se tienden a ti, mi cuerpo es el de quien anda postrado por la vida.
  • Jesús se te aparece cuando dices que no te interesa cómo va la sociedad, que tú pasas de todo, que no te interesa ni la política ni nada. Jesús te dice: somos familia, somos humanidad. Tienes responsabilidades adquiridas con la sociedad. No es de recibo que te alejes. Has de pensar en colaborar.
  • Jesús se te aparece cuando quieres imponerte a los demás, tener siempre razón, estar por encima de los otros. Jesús te dice: si sirves puedes estar más contento, si te haces hermano del otro tu corazón puede saltar de alegría.
  • Jesús se te aparece cuando lo sientes lejos, cuando no tienes ganas de rezar, cuando no sabes dónde está. Y te dice: yo sigo contigo, yo nunca te dejo, no me alejo jamás de tu casa, de tus preocupaciones, de tu corazón.
Jesús no se aparece para trastocar tus planes sin más, sino para hacerte ver que él está contigo todo el tiempo, sosteniéndote e impulsándote. Si en esta Pascua lo ves más cercano a ti, si lo “palpas”, sería algo estupendo y verdadero. Él te abraza; siente su abrazo.
Fidel Aizpurúa, capuchino

domingo, 1 de abril de 2018

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: LA FUENTE DEL AMOR

La cantante Rosalía hace una versión del poema de san Juan de la Cruz que antes cantara Enrique Morente que comienza diciendo “¡Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche!”. Los místicos se han preguntado muchas veces por “la fuente”. De dónde viene el amor, la belleza, la dulzura, de qué fuente brota lo mejor que tenemos, lo más valioso del corazón, lo más cálido de la ternura. Y no han dudado en responder: de la fuente del amor.

Algo de eso es lo que celebramos cada año cuando llega la resurrección. Porque ésta no es, principalmente, un dogma, una creencia, un recuerdo de lo que parece que pasó en los albores del cristianismo. Es algo más profundo que eso: es creer que todo brota de la fuente del amor, que lo mejor de nosotros mismos tiene que ver con el amor. Y que si esa fuente del amor se seca, no hay nada que hacer. Todo estaría perdido.

Jesús habló con aquella mujer de Samaría de una fuente que salta hasta la vida eterna, de una fuente de aguas de plenitud, de aguas que calman cualquier sed. Esa fuente no es otra que el amor en cualquiera de sus variantes. Dante decía que el amor mueve el cielo y las estrellas. Es otra forma de decirlo, pero es verdad. Sin la fuente del amor la vida se volvería inhóspita, seca, sin brillo, gris.

Celebrar la resurrección es decir que esa fuente del amor sigue manando, que sus recursos no solamente no se han agotado, sino que se han multiplicado. Decir que Jesús ha resucitado es lo mismo que decir que el agua de la fuente del amor está llegando nosotros, que seguimos bebiendo las aguas puras del amor más delicado, que no deberíamos nunca descreer del amor, apearnos de él, renegar para siempre de su abrazo.

Por todo ello, quien sabe de amor puede saber de la resurrección, y quien deja de lado el amor, deja de lado la resurrección por más que diga que cree en la doctrina. De manera que puedes ser un experto en la resurrección no sabiendo mucha doctrina, sino viviendo con el amor vivo, a flor de piel, interesado siempre por los caminos del corazón.

A Francisco de Asís también le gustaban las fuentes. Dice un autor de la época que “aquella fuente en la que se manifiesta toda bondad, Jesús, se manifestaba a san Francisco en todas las cosas”. O sea, que todas las cosas le llevaban siempre al mismo lugar: a la fuente del amor, a Jesús que comparte y derrama su amor hasta las últimas consecuencias.

Puede ser que, incluso con razón, estés cansado del amor, de ser amable, de entregarte, de querer. No te apees del amor. Cobra fuerza y ánimo celebrando este año la resurrección de Jesús como la certeza de que esa fuente del amor que todo lo riega sigue manando y que puede tocar también tu corazón.

Fuente amor, fuente de ternura, fuente de amable calor, fuente de consuelo cuando las cosas no van bien, fuente de energía para estar siempre atento a la vida, fuente de compasión que levanta el ánimo, fuente de empeño para hacer bien las cosas. Fuente de amor: eso es la resurrección.

Para pensar y orar:
  1. ¿Cómo te imaginas la fuente del amor?
  2. ¿Crees que la resurrección es, sobre todo, cuestión de amor?
  3. ¿Cómo ayudarnos a no desanimarnos cuando no sabemos amar o cuando creemos que nos aman?

viernes, 30 de marzo de 2018

VIERNES SANTO: AMOR QUE CRECE CUANDO SE REPARTE

Es una frase que atribuyen a Saint-Exupéry, el autor del El principito: “El amor crece cuando se reparte”. Porque el amor es una realidad que, al darlo al otro, no mengua, sino que aumenta. Es que el amor está hecho para ser repartido, no para ser guardado. El amor guardado es como el agua guardada, estancada: se pudre, se corrompe, se seca.

Es que la pasión de Jesús que todos los años la recordamos y leemos en el Viernes Santo, más allá de sus aspectos externos que son en lo que se queda mucha gente, es la historia de un amor que se reparte. Efectivamente, la entrega de Jesús es el amor repartido ahsta el límite, hasta el último trozo. El Jesús del Viernes Santo es uno que dio hasta la última migaja de su amor, que no se guardó nada para sí, que se vació totalmente a favor de la persona, a la que amó sin límites.

En realidad, toda su vida fue un compartir absoluto. Él no salió a los caminos por sus propios dolores, sino por el sufrimiento de los demás. Se dio a todos en los caminos. Él recogió las lágrimas de los demás como si fueran lágrimas suyas y ahí quiso compartir el consuelo con que Dios consuela a los pobres. Él creyó a pie juntillas que compartiendo llega para todos, como lo hizo ver en aquel signo de la multiplicación de los panes.

Por eso, su amor compartido es el que nos ha llegado a nosotros; eso es lo que vemos hoy cuando miramos la cruz: un amor compartido, troceado, desmigado, entregado sin pedir nada a cambio. Un amor que puede ser acogido por cualquier corazón, sin pedir condiciones ni exigir ningún pago a cambio.

Francisco de Asís lo comprendió muy bien y veía en cada una de las criaturas ese amor compartido, sembrado, desmigado de Jesús que crece en toda la creación. “En las criaturas, buscaba a su amado”, dicen sus biógrafos. Hizo de la búsqueda del amor su verdadera pasión. Y cuando lo encontraba, lo derramaba en los demás, en los más sencillos: amor repartido siempre.

Si en este Viernes Santo no llegas a ver, más allá del signo de la cruz, el amor compartido de Jesús, tendrías que pedir a Dios y a tus amigos que te presten una gafas de amor hondo, porque de eso se trata hoy: de ver un amor que se comparte. Entenderías entonces fácilmente que tu amor, por pequeño que sea, también ha de ser compartido. Y has de tener por cierto que, al compartirlo, tu amor no se a ser más pequeño, menos vivo, sino que se agrandará, se enriquecerá, tendrá más brillo.

Amor que se comparte, amor que se divide, amor que se trocea, amor que se desmiga, amor que se mezcla, amor que llega a cualquier rincón, amor de Jesús, amor tuyo. Amor en el Viernes Santo.

Para pensar o preguntar:
  1. ¿Crees que tras lo duro de la cruz está el misterio del amor repartido?
  2. ¿Te parece que si repartes tu amor, éste no disminuye?
  3. ¿En qué cosa concreta tendrías que dar más amor, más acompañamiento, más amabilidad?
 

jueves, 29 de marzo de 2018

JUEVES SANTO: AMOR EN FORMA DE AGUA

“La forma del agua”, ganadora del Oscar de este año, es una bonita película donde el agua tiene una importancia muy grande: el agua es la humildad del personaje principal que es una limpiadora; el agua es la que guarda con vida al monstruo que han atrapado los poderosos; el agua es el escenario del amor y de la danza de los personajes principales. Es como si sin agua no pudiera haber amor.

Algo parecido le pasa a Jesús: su amor toma, a veces, la forma de agua: por eso dice que él bautiza con agua, que si uno no nace del agua y del espíritu no entra en el reino, que si uno bebe de él no volverá a tener sed, que si se cree en él le brotarán dentro fuentes de agua viva. Se ve que en la época de Jesús el agua era un bien muy preciado, de acceso mucho más difícil que en el nuestro. Por eso habla tantas veces del agua.

Pero el texto más importante sobre el agua es el que leeremos esta tarde en la escena del lavatorio de los pies: ahí el agua se convierte en signo de amor. Por eso es tan importante dejarse lavar los pies, porque si no se entiende eso, es que no se ama. Cuando Jesús lava los pies, en realidad está lavando y perfumando el corazón del otro. Le está diciendo: te lavo los pies porque para mí eres importante, porque me importas, porque estoy contigo.

Por eso es tan decisivo lavar y dejarse lavar los pies. Es tan decisivo que si uno no entiende esto no puede ser seguidor o seguidora de Jesús. Al fin y al cabo, ser seguidor es lavar pies, amar los lados débiles de la persona, servir las necesidades más elementales, acercarse a los silencios y estar ahí, mirar con empatía como si yo mismo estuviese en esa situación que veo.

Francisco de Asís tenía una especial predilección por este asunto de lavar los pies. Por eso mandaba que sus hermanos se lavasen los pies unos a otros para significar que eran eso, hermanos y nada más, iguales y nadie por encima del otro. Y, cuando estaba para morir, pidió que le leyeran este pasaje del jueves santo en que Jesús lava los pies a los discípulos, como si dijera que ese era el ideal de quien quiera vivir al estilo franciscano.

Por eso hoy, jueves santo, día del amor que envuelve a la persona y lo limpia como el agua cuando te lavas, tendrías que emocionarte ante el agua, tocarla, bendecirla, amarla, porque es signo de lo que de verdad debería ser tu vida: un canto al amor cada día, un trabajo fiel por amar, un deseo imparable de no dejar de amar nunca, por muchos que sean los fallos y las dificultades.

Amor en forma de agua, tan fiel como ella, tan limpio como ella, tan humilde como ella, tan servicial como ella, tan sencillo como ella, tan generoso como ella, tan callado como ella, tan perdonador como ella, tan envolvente como ella.

Tres preguntas para pensar:

  1. ¿Te parece interesante que Jesús hable tantas veces del agua?
  2. ¿Es tu amor tan sencillo y fiel como el agua?
  3. ¿Qué deberías lavar en tu vida para vivir más al estilo de Jesús?
 

martes, 27 de marzo de 2018

INFINITAMENTE AMABLE: UNA SEMANA DE AMOR

La saga de “La Guerra de las galaxias” tiene muchos fans, followers que se dice ahora. Y en ese mundo imaginario una de las cosas que nos cautiva a nosotros es el espacio infinito, algo que no es hoy inasequible a los humanos porque vivimos en un planetilla, la Tierra, en la esquina de una galaxia, la Vía láctea, en un universo de millones de galaxias y de millones de universos. Podemos decir “infinito” y no sabemos muy bien lo que decimos. Pero eso nos atrae.

Y esta temporada en nuestros encuentros venimos hablando de que “el amor es otra cosa” porque creemos que el amor no es poseer a alguien, tener muchos seguidores en el Facebook, recibir alabanzas sin cuestionarnos nada. Igual tienes que pensar que el amor es otra cosa: que tú llegues a mirar al otro con los ojos de quien descubre en él algo interesante, que saltes la valla de las apariencias y seas capaz de “tocar” el corazón del otro, que cuides de la vida del otro con el mimo de quien acaricia.

Por eso podemos hablar de un amor infinitamente amable, como el de Jesús. La Semana Santa, en el fondo, es eso: quedarse tontos ante el amor infinitamente amable de Jesús, delicado, profundo, interesante, sensible. Su amor se expandió hasta el infinito, hasta el punto de que ahora mismo, esta semana casi lo tocamos, de tan vivo como és. El amor de Jesús no está atrapado en el tiempo, sino que se mete por cualquier rendija del corazón. Basta con dejarle entrar.

Cuentan algunos que de san Francisco que se volvía medio loco cuando se dejaba envolver por este amor infinito de Jesús y que gritaba a voz en cuello: “el amor no es amado”. Y podría decirnos hoy: “tú puedes amar al amor que te ama”. Puedes entender la Semana Santa de muchas maneras. Pero una de las mejores puede ser vivirla como una semana de amor a Jesús, con Jesús, con todos los demás. Una Semana de Amor.

Fidel Aizpurúa, capuchino

jueves, 22 de marzo de 2018

VIVIR CADA DÍA

Con frecuencia oímos decir que es importante “vivir cada día”: “vivir el don de cada día”, “vivir el presente”, “aprovechar y vivir a fondo cada día”, “carpe diem”. Pero conviene pararse a ver qué hay detrás, porque no es lo mismo...

No es raro oír esa expresión, por ejemplo, ante la muerte o enfermedad de personas cercanas o ante fracasos afectivos o de proyectos. Es una sabiduría que tiene, evidentemente, aspectos muy positivos de no dejar pasar la vida, vivir con intensidad, aprovechar todo lo bueno que se nos ofrece desde lo sencillo y pequeño. No es poco. Sin embargo, ¿podría quizá también esconder cierta resistencia a la finitud, miedo ante el tiempo que se nos escapa, e incluso una visión de la realidad donde lo que más vale es lo que se hace, lo activo, el bienestar, y se reniega de lo menos agradable, del sufrimiento, el dolor? Cuestión abierta, sana sospecha ante criterios muy propios de nuestro tiempo y nuestra cultura, que parecen incuestionables, pero que a lo mejor no lo son tanto...

Jesús dice en el Evangelio que no andemos preocupados por el día de mañana, que a cada día le basta su propio afán (Mt 6, 34). Y de primeras puede sonar a lo mismo. Pero no. En Jesús estas palabras son mucho más que una sabiduría de la vida o un consejo para vivir más felices. Son palabras que remiten al misterio personal de Jesús.

Impresiona caer en la cuenta de que Jesús, teniendo conciencia plena de estar poniendo en marcha el Reinado de Dios en la tierra, vive despreocupado de sus propias necesidades. Así vive Él, colgado de lo que el Padre le quiera dar cada día. Desde ahí se entiende la intensidad de lo que hace cada día, como si fuera el último (curar a los enfermos, liberar a los oprimidos, acercarse a los pobres y desfavorecidos, denunciar al poder religioso de su tiempo, entregarse hasta el extremo) y la confianza con que se retira a orar cada día, descansándolo todo en el Padre, bebiendo de Su voluntad, tratando solo de obedecer en cada momento. Para Jesús, el afán de cada día no es una lucha por aferrarse a lo positivo, a lo deseable, ni siquiera a la virtud. Es certeza de que la vida viene solo de obedecer al Padre, de “amoldarse” a lo que le dé cada día, a lo que quiera cada día.
Carta de Asís, marzo 2018

martes, 20 de marzo de 2018

NO ME DA LA GANA

A veces al leer las noticias parece que todos los políticos son corruptos y solo buscan aprovecharse de los demás, que todos los jóvenes son unos vagos que solo quieren beber y pasarlo bien, que las parejas no tienen futuro porque eso del amor para siempre no existe, que todos los curas hablan mucho diciéndole a todo el mundo lo que tienen que hacer pero ellos no hacen nada, que los inmigrantes solo vienen para aprovecharse de nuestra sociedad, que todos los deportistas nos engañan dopándose... Ante este panorama puede parecer que uno solo puede cruzarse de brazos y decir “que se pare el mundo que me bajo”, esto no tiene arreglo. Pero no me da la gana.

No me da la gana porque he conocido políticos que se dejan la piel por el bien común, he conocido jóvenes que trabajan hasta la extenuación y sueñan con aportar su granito de arena al mundo, parejas que con muchas dificultades siguen peleando por su proyecto de amor, curas que con su vida y sin palabras transparentan el evangelio de Jesús, inmigrantes que se empeñan en integrarse en una sociedad que no les pone las cosas fáciles, deportistas que con constancia luchan por superarse. No me da la gana estar todo el día lamentándome, porque aunque es verdad que hay muchas razones para desanimarse, sigo viendo otras para la esperanza, aunque estas no salgan en las portadas.

Javi Montes, sj

sábado, 17 de marzo de 2018

ACOGER AL OTRO

Venimos al mundo desnudos, y salimos de él como un despojo. En el interín, en el mientras tanto, el gesto más humano de todos es el del amparo. Sí. Lo más humano de lo humano reside en acoger al otro. Venimos desnudos al mundo, y hace frío, y nos acogemos unos a otros. La comunidad más básica es la del amparo. Es la comunidad que cura, que nos cura.
Josep María Esquirol

jueves, 15 de marzo de 2018

SCHUBERTIANA IV

¡Tenemos que confiar en tantas cosas para poder vivir nuestro día diario sin hundirnos en la tierra! Confiar en las masas de nieve que se agarran a la pendiente de la montaña que hay encima del pueblo. Confiar en las promesas de silencio y en la sonrisa del consenso, confiar en que el telegrama fatal no nos ataña a nosotros y que no llegue a descargar el repentino hachazo desde dentro. Confiar en los ejes de las ruedas que nos llevan por las autopistas en medio del enjambre de abejas de acero trescientas veces ampliado.

Pero en realidad nada de eso merece nuestra confianza. Los cinco instrumentos de cuerda dicen que podemos confiar en otra cosa. ¿En qué? en otra cosa y nos acompañan un trecho en el camino hacia allí. Como cuando se apaga la luz en la escalera y la mano sigue -con confianza- el ciego pasamanos que encuentra el camino en la oscuridad.
Tomas Tranströmer

martes, 13 de marzo de 2018

MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS

Ya no están de moda las 'penitencias' cuaresmales, y creo que me alegro. Si no se hacen con corazón limpio, algo hay de 'retorcido' en ellas que acaban por llevarnos a creer que 'cumplimos' con lo mandado para este tiempo, y nos acaban poniendo por encima de los demás: «Gracias, Señor, porque no soy como éstos».

Nefasto. Se ha producido justo lo contrario de lo que pretendían: cambiar nuestro corazón para hacerlo más humilde, más hermano, más capaz de ponerse en la piel del otro. Más cercano, en definitiva, al de Dios. En este tiempo fuerte, fuerte para ponerse más en las manos de Dios, me ayuda pensar cómo es mi mirada sobre los otros: ¿respetuosa del misterio sagrado que siempre es la persona, alta, tierna, liberadora, comprensiva, cariñosa…? ¿O tal vez mi mirada hace verdad eso de que «el infierno son los otros» (Sartre)? Y eso sucede siempre que miramos a los demás 'clavándoles' en lo que tienen de defecto, como si fueran mariposas disecadas impotentes para cambiar, cerrando toda salida a su vida y toda posible evolución personal, condenándolos ya de antemano y racaneándoles el amor de Dios, siempre robustecedor y sanante que «en el aprieto nos da anchura y nos regala pies como de gacela».

Entonces recuerdo que el Señor no nos pide sacrificios personales 'inútiles', sino «un corazón quebrantado y humillado» que reconoce su desvarío y la fragilidad en que se mueve, un corazón que es muchas veces 'amnésico', que pierde la memoria de los dones que Dios le da cada día, y se los va apropiando, de modo que se hace exigente, duro, metalizado, en vez de ser cada vez más poroso a la vida y al sufrimiento del otro, es decir, más misericordioso.
Carlos del Valle, jesuita

 

jueves, 8 de marzo de 2018

DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

Se ha recorrido un largo camino desde aquellos movimientos sociales del siglo XX, pero aún falta mucho trabajo y energía. Las mujeres representan el 60% de los más pobres a nivel mundial, las dos terceras partes de los analfabetos y son objeto de violencia de manera sistemática. En cada una de nuestras comunidades y a través de nuestras actividades, tenemos la oportunidad de actuar como agentes de cambio, a través de la educación, del liderazgo y del ejemplo. Podemos trabajar a favor de la igualdad, propiciando acciones que permitan empoderar a otras mujeres.

Que este Día de la Mujer trabajadora sea un día de reflexión y todo el año sea de acción para que hombres y mujeres podamos convivir en armonía en sociedades justas y amorosas.

martes, 6 de marzo de 2018

SOLTERO Y CUARENTÓN…

El otro día comentamos en casa este dicho: "Soltero y cuarentón, qué suerte tienes cabrón". Además de ser simpático, expresa muy bien un ideal de vida muy presente en nuestra sociedad: la felicidad está en hacer lo que a uno le apetece, gozar todo lo posible sin ningún tipo de limitación ni cortapisa. Se supone que el soltero de mediana edad tiene dinero suficiente como para dedicarse a placeres varios -viajar, sexualidad, amigotes, juergas, drogas, etc.- y además, no tiene nada que se lo impida: ya no vive con sus padres, no tiene esposa, ni hijos, ni compromiso alguno.

Pero también hemos visto en muchas ocasiones cómo personas que han vivido así, con sesenta años se han quedado solas, sin nadie con quien compartir alegrías o penas, sin nadie que vele por ellas en los malos momentos. Y al contrario, personas que han dedicado su existencia a sus hijos o a otras personas, al final de su vida están rodeados de seres que los quieren. Se da una extraña paradoja: los que han entregado su vida, los que aparentemente la han perdido por otros, terminan siendo cuidados y sostenidos por los demás; en cambio los que han estado únicamente pendientes de su propia persona acaban en la soledad.

Parece que la vida nos enseña que la tierra del amparo se va cultivando día a día con las semillas del amor y la entrega; y al desierto de la soledad se llega con los vientos del egocentrismo. Es lo que decía Jorge Drexler en su conocida canción: "cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da". Más claramente lo expresó Jesús: "el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mí, la encontrará".
Javi morala, capuchino

martes, 27 de febrero de 2018

DAR Y RECIBIR EN CONFIANZA

La fraternidad se va haciendo en la medida que somos más capaces de dar y recibir en un clima de mayor confianza. A veces pensamos que amamos al hermano, hermana, marido, mujer... cuanto más damos. Y nos olvidamos que amar supone también la capacidad de recibir. Y todo en confianza. La confianza es el ambiente en el cual, sin necesidad de explicitarlo continuamente, uno se relaciona dando y recibiendo.

La fraternidad es el lugar humano donde, pudiendo mostrar nuestras pobrezas -todos somos pobres en algo- sin miedo a ser rechazados, recibimos de los demás aquello que nos falta y damos lo que los demás necesitan. Cada cual nombrará esas realidades que echa en falta y que recibe de los demás. No es cuestión de medir mercantilmente lo que damos y recibimos, sino que siempre estamos dando y recibiendo en un clima de confianza. Ese clima de confianza en dar y recibir es lo que muestra el nivel fraterno que vivimos.

Hay peligros que amenazan este dar y recibir en confianza. Está el paternalismo que se alimenta del solo dar y que en el fondo responde a una necesidad de reconocimiento, de autovaloración, etc. Y está también la dependencia que solo sabe recibir que también responde a etapas infantiles de la persona. Nadie está exento de estos riesgos que enferman la fraternidad.

Nunca terminaremos de lograr un equilibrio en esto de dar y recibir porque las relaciones entre las personas, siendo tan cambiantes, son una continua creación de fraternidad, una continua maduración, una continua vuelta a empezar. Nos necesitamos los uno a los otros y, a su vez, la fraternidad es un don gratuito.

Dicen los teólogos que nuestro Dios es relación que siempre está dando y recibiendo, es comunión de amor, es ser en relación. Estamos llamados a este darse y recibir al hermano, a la hermana. Así seremos algo más parecidos a Dios.

Carta de Asís, febrero 2018

jueves, 22 de febrero de 2018

TIEMPOS OSCUROS/TIEMPOS SIN NOMBRE

Dicen que habitamos tiempos oscuros,
tiempos sin Dios.

Hoy siento un deseo irrefrenable,
de arrodillarme,
de adorar algo que sea más que yo.
Que esté antes y más allá de mí.

Algo que no entienda.
Algo que no se pueda demostrar,
que está en mi secreto, en mi sagrado.

Me quito la máscara, sé que existe.
Intuyo qué es
con más fuerza que lo que está.

María Antonia García de León

 

martes, 20 de febrero de 2018

ESTO NO ES UN LIBRO

Se llamaba Pablo, pero todos lo conocían como el pobre de la manta. Cubierto por una, vieja y sucia, se arrastraba por las calles de Salamanca. Lo que sacaba de la mendicidad lo invertía en droga. Una noche lo encontré arrodillado frente a una alcantarilla. Lloraba tirándose del pelo. Me quedé observando. Percibí que, mezcladas con lágrimas, balbucía palabras. Presté atención y comprendí qué es lo que sucedía: por aquella alcantarilla se había caído el billete con que pensaba adquirir su próxima dosis de heroína. Pablo, lamentándose, hablaba con Dios: blasfemando, preguntaba repetidamente por qué, por qué, por qué le sucedía a él eso.

Años después, frente a esta pantalla, recuerdo aquella escena con una nitidez que aún duele: Pablo, con su manta rota por la vida, hablando a Dios desde la cubierta de una alcantarilla, es para mí el rostro de Job, esa voz que grita a lo alto desde los abismos de la Biblia Hebrea. En la historia de Job, leída en el cuerpo de Pablo, se verifican las palabras que Whitman situó en el inicio de sus poemas: Esto no es un libro: quien toca esto, toca a un hombre.
Victor Herrero, capuchino

jueves, 15 de febrero de 2018

¡EL BIEN, QUÉ FASCINANTE!

La cuaresma entendida como conversión al bien.

Por muchas que sean las noticias que nos hablan del mal, de desastres, de fuertes heridas, de daños irreparables, de caminos extraviados, de sufrimientos injustos, el bien sigue siendo fascinante.

Por mucha que sea nuestra desgana, nuestro abandono de los caminos de la fraternidad, nuestros imperdonables olvidos, nuestros desplantes innecesarios y gratuitos, el bien sigue siendo fascinante.

Por mucho que comprobemos cómo las comunidades cristianas, en sus responsables y en sus miembros, no saltan del asiento cuando se hace el mal, por mucho que los cristianos mismos colaboremos a caminos de dudosa bondad cuando no de maldad explícita, el bien sigue siendo fascinante.

Por muchos que sean los miedos que nos atenazan y bloquean nuestro comportamiento bondadoso, por muchas que sean las ocasiones que no aprovechamos para hacer ese pequeño bien que hace más llevadera la carga que la vida nos impone, el bien sigue siendo fascinante.

Por eso nos preguntamos si no será la Cuaresma un tiempo bueno para “convertirse al bien”, para “volver al camino de la bondad”, para no desistir (como dicen sus biógrafos que vivía san Francisco) de aquella “bondad original” que no está en un paraíso perdido, sino en uno por encontrar.

La Cuaresma llega cada año puntualmente. Tiene de bueno el que se nos sirve una posibilidad más de avanzar en nuestro proceso cristiano. Tiene de “peligroso” la amenaza de la rutina y de vacío. Esto es lo habrá que trabajar, en la reflexión, en la oración, en la celebración y en los caminos de la vida. Si esta reflexión colabora a ello, la daremos por bien empleada.

Quizá este anhelo cuaresmal no sea sino la búsqueda de siempre de aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38) y el anhelo de ir pasando nuestros días, simplemente, queriendo seguir aquella orientación explícita del Evangelio: “Sed buenos del todo como vuestro padre celestial es bueno del todo” (Mt 5,48).

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 14 de febrero de 2018

PREGÓN DE CUARESMA

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espíritu
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con plebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,
...¡y a la aventura, cada día!

Florentino Ulibarri

martes, 13 de febrero de 2018

LA BONDAD INVISIBLE

Aquella tarde, víspera de Reyes, era muy desagradable. El frío, la lluvia, la oscuridad empapaban la ciudad. De camino a comprar me encontré con todas las familias que volvían de la cabalgata. Daba gusto ver cómo los padres superaban todos estos inconvenientes atmosféricos y hablaban a los niños sobre los reyes, los regalos o los caramelos. Con los paraguas y los abrigos, los mayores sostenían en sus hombros a los pequeños mientras alimentaban su ilusión y alegría, creando una complicidad maravillosa.

Me admiraba ver tanta generosidad: ¿no hubiera sido más cómodo para todos quedarse en casa, verlo por la televisión y no terminar mojados y ateridos? Pero cientos de padres y madres habían elegido la lluvia y la incomodidad. Me asombraba ver que la bondad se derramaba por todos los lados y llenaba la ciudad; no por el tópico de la Navidad, sino porque los padres, una vez más, anteponían el bien de sus hijos a su propio bienestar.

Cuando hacemos una valoración del ser humano, la mayoría de las veces nos viene a la cabeza su egoísmo, su capacidad de destruir la naturaleza y la injusticia, la violencia y la desigualdad que existen en el planeta. ¿Y por qué se instalan en nuestro cerebro estas imágenes cuando hay tanta generosidad en las personas? Habrá diferentes motivos, pero uno de ellos es que en las noticias de todos los días nos llenan el salón de bombas, guerras, terrorismo, etc. Un asesinato atroz, aunque haya sido el único en todo el país, entra a formar parte de nuestra vida. La televisión tiene la capacidad de hacernos creer que es habitual y cotidiano lo que ocurre a una persona entre 46 millones, en un metro cuadrado entre los 506.000 millones de Km2 del país.

Y por eso me sorprendo cuando la bondad se manifiesta. No me doy cuenta que hay infinidad de padres que lo dan todo por sus hijos; existen millones de voluntarios que dedican su tiempo a los demás; incontables religiosos que han optado en su vida por los otros; maestros que trabajan más allá de su horario para que sus alumnos aprendan; sanitarios que dedican horas y horas a sanar a los enfermos; personas anónimas cuya vida tiene más sentido porque la dedican a los demás. Es la bondad invisible que sostiene el mundo, es el Reino de Dios que está cerca. Muchas gracias a todos por hacerlo presente.
Javi Morala, capuchino.

jueves, 8 de febrero de 2018

CUANDO MIRAS DESPACIO

"Si te quedas mirando largamente
cualquier cosa del mundo
—un gorrión, una mujer, un árbol,
un río, un desengaño, tal poema
por el que pasa un río
y una mujer desengañada y sola
y en el que se alza un árbol al que acuden
los gorriones mientras cae la tarde—,
si miras cualquier cosa un largo rato
y dejas que entre en ti,
que te vacíe de tu oscuridad
y que en tu ser halle cobijo y sea,
verás y sentirás que cuando miras
tú eres mundo también,
que en ti la vida se entrecruza y canta,
y que todo es sagrado."

Eloy Sánchez Rosillo

martes, 6 de febrero de 2018

SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?

El día 2 de febrero, fiesta de la Presentación y de la Candelaria, celebramos el día de la Vida Consagrada, de la vida Religiosa. Cuando echamos una mirada hacia nuestra forma de vida nos solemos fijar en la crisis por la que atravesamos. Por lo menos en esta parte del mundo vemos que las Órdenes religiosas y Congregaciones nos encontramos en un proceso de envejecimiento y de disminución. No así en otros lugares del mundo en los que hay un crecimiento.

Solemos decir que a los jóvenes de hoy les cuesta cada vez más tomar decisiones, elegir. Les cuesta sobre todo tomar decisiones que afectan o abarcan toda la vida. En la cultura en la que nos movemos se va creando la idea de que no se puede comprometer uno para siempre, ni con una persona ni con una determinada opción de vida. Parece que lo que importa es vivir al día y, si hay que optar, que sea por un tiempo determinado. Hay quien afirma que la actual crisis vocacional está muy unida a la alergia a tomar decisiones, a hacer una elección, pues vivimos en la cultura de la indecisión.

Tal vez sea exagerado decir que en la cultura en la que nos movemos hoy no hay ideales. Yo creo que sí los hay, aunque determinados valores van cambiando o han sido desplazados en nuestra sociedad. Lo que está claro es que, si no hay algo que me atraiga o me guste, difícilmente lo podré elegir. Anterior a cualquier decisión está el deseo. El deseo y la capacidad de desear forman parte de la sensibilidad de una persona. Es algo que hace que orientes tu vida de una u otra manera.

Desear es concentrar las energías en la búsqueda de algo que uno siente cada vez más que es central en su vida. Cada uno somos responsables de nuestra propia sensibilidad y, desde las experiencias que vamos teniendo, la vamos construyendo a lo largo de nuestra vida.

Hubo un día en la vida de San Francisco de Asís, como lo ha habido en las personas que han orientado su vida desde Dios, que se planteó la siguiente cuestión: Señor, ¿Qué quieres que haga? Deseó encontrar su propio lugar en la vida y se puso a la escucha de todo lo que le ayudaba en esa búsqueda para tratar de decidir en libertad y con responsabilidad. Quiso comprender el plan que Dios tenía sobre su propia vida y emprendió todo un camino de búsqueda de Dios. Su propia experiencia nos ayuda a otras muchas personas a plantearnos la vida desde lo que él mismo descubrió.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 1 de febrero de 2018

EL VIDEO DEL PAPA, ENERO 2018

ENCUENTRO DE FORMACIÓN DE ANIMADORES DE PASTORAL JUVENIL, ENERO 2018

El fin de semana del 20 y 21 de enero, los jóvenes de la parroquia San Antonio de Cuatro Caminos acudimos a la Casa de capuchinos de El Pardo, también en Madrid. Allí pudimos disfrutar de una jornada de formación con jóvenes pertenecientes a otras parroquias de los capuchinos en España, como lo son las parroquias de Usera (Madrid), Totana (Murcia) y Zaragoza.

La razón de este encuentro era la jornada de formación para actuales o futuros agentes pastoral juvenil. Este encuentro estaba destinado a que los monitores y catequistas podamos llegar más a nuestros chavales y poder dar respuestas a sus preguntas, además de contestar cuestiones que nosotros mismos nos planteamos. El tema a tratar era “Ciencia y Biblia. Qué es y qué no es la Biblia”. Este tema es realmente de gran interés teniendo en cuenta que la ciencia siempre es aceptada como única verdad absoluta con la que debemos interpretar la realidad. También aprendimos un poquito más sobre la Biblia, cómo usarla y qué significa.

Como ponente repetía Alfredo Delgado, un sacerdote de parroquia que con su cercanía y entrega nos ayudó a entender de una manera mucho más completa el tema tratado y nos dio claves esenciales a la hora de tratar y contestar las preguntas de nuestros chavales.

La jornada del sábado trascurrió realizando distintos talleres, referentes a la ciencia por la mañana y a la fe por la tarde. Trabajamos en grupo distintas actividades referentes a Biblia y ciencia. Por la noche disfrutamos de una agradable y divertida velada con un juego que nos permitió conocernos mejor. El domingo trabajamos el amor y las relaciones afectivas realizando un taller consistente en una divertida dinámica para conocer nuestras emociones. Después tuvo lugar la Eucaristía, un momento muy emotivo que todos compartimos, incluidos los más pequeños que quisieron participar haciendo una preciosa ofrenda que presentaron en el ofertorio.

Después de la comida cada uno puso rumbo a su lugar de origen guardando en el corazón todo lo aprendido durante el fin de semana y dispuesto a poner todo ello en práctica con nuestros chicos.
Almudena Muñoz Soberón

martes, 30 de enero de 2018

ECOLOGÍA SOCIAL

¿Nos imaginamos qué cara pondría Francisco de Asís si escuchara hablar de “ecología social”? Seguramente no entendería nada, como es lógico. No podemos pensar que palabras e ideas actuales fueran entendidas en otras épocas. Pero es curioso cómo las intuiciones que han vivido hombres y mujeres de tiempos pasados nos pueden animar a vivir cuestiones actuales, en ideas y palabras de hoy, de una forma más humana y solidaria.

Cuando se optaba por vivir en pobreza generalmente se asociaba a dimensiones personales como saber vivir en libertad, no atados a la mera satisfacción de las necesidades físicas o psíquicas; otra veces, se asociaba a alcanzar alguna virtud, o se leía como sacrificio que traía otras ganancias de tipo moral o religiosa, etc. Hoy, en cambio, estamos movidos por sensibilidades que atienden a dimensiones que hasta hace poco impensables, o no eran objeto de cuidado; como pueden ser las dimensiones más sociales, políticas, ecológicas, etc.

En este orden de cosas, vamos aprendiendo que nuestro modo de vida más frugal y austero no sólo puede responder a aquellos motivos que importaban en otros tiempos como la ascesis, algún tipo de mortificación como algo meritorio, etc. Hoy en día somos más conscientes de que nuestra austeridad y frugalidad tiene influencia en el bienestar o malestar de otras gentes y que incide en la marcha mejor o peor de este planeta tan frágil y caduco. Nuestras opciones en materia de consumo, gasto, desperdicios, nuestro aprovechamiento óptimo o no de nuestros recursos personales y sociales están determinando la realidad social y ecológica.

Por ello, la espiritualidad franciscana también tiene algo que decir, y mucho en estos nuevos territorios de las preocupaciones actuales de la humanidad. Francisco no fue un ecologista como nosotros lo entendemos, ni mucho menos. Pero sus intuiciones en planos cortos, cuando quería repartir sus pocas pertenencias con los más pobres, cuando invitaba a una vida frugal, etc. tienen hoy gran actualidad a nivel más global, social y planetario. Sus intuiciones más hondas son hondamente actuales.

Carta de Asís, enero 2018

jueves, 25 de enero de 2018

BLANCO EN LO BLANCO

Haz una llave, aunque sea pequeña,
entra en la casa.
Consiente en la dulzura, ten piedad
de la materia de los sueños y de las aves.

Invoca el fuego, la claridad, la música
de los flancos.
No digas piedra, di ventana.
No seas como la sombra.

Di hombre, di niño, di estrella.
Repite las sílabas
donde la luz es feliz y se demora,

vuelve a decir: hombre, mujer, niño.
Donde la belleza es más nueva.

Eugénio Andrade

martes, 23 de enero de 2018

ESTATUTOS DE LA AMABILIDAD

Un buen cristiano se inventó los “estatutos de la amabilidad” y los tenía enmarcados en su cuarto para repasarlos a diario. Forman una especie de código de la felicidad sencillo, de andar por casa, pero sincero y realista. Escribió así:

1. Sonreír siempre a las personas con las que convives
2. Ofrecerte siempre para ayudar
3. Evitar o suavizar las penas a los demás
4. Contener todo gesto de impaciencia o mal humor
5. Cuidar especialmente a las personas difíciles
6. Mandar siempre con benevolencia
7. Ser comprensivo con los defectos y miserias del prójimo
8. Excusar y defender a los que han fallado
9. Corregir con delicadeza y sintiendo dolor por ello
10. Ser respetuoso y cortés sin ser empalagoso
11. Hablar siempre bien de los demás o mejor callar

jueves, 18 de enero de 2018

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS 2018

“Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder” (Ex 15, 16) es el lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018 que se celebra del 18 al 25 de enero. Desde hace ya algunos años, el Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos encargan los materiales de oración para esta semana a Iglesias y Comunidades eclesiales confesionales diversas de alguna región geográfica. En esta ocasión, para la semana de oración de 2018, se lo han pedido a las Iglesias y comunidades de la región del Caribe.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales en su mensaje, “es ocasión propicia para que conozcamos mejor el diálogo de la Iglesia católica con las Iglesias y Comunidades eclesiales sobre la doctrina de la fe, llevado adelante con gran esfuerzo y dedicación”.

Los materiales preparado para este año están disponibles en el siguiente ENLACE

martes, 16 de enero de 2018

EL MANDAMIENTO PRINCIPAL

En tiempos de Jesús, en Palestina había escuelas, corrientes de pensamiento y de tema religioso y moral. En ese ambiente, los fariseos, se acercan a Jesús, para ponerlo a prueba, preguntándole, para que, entre la multiplicidad de opiniones existentes, Él diera también la suya. “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?” (Mt 22,36). ¡Había 163 en la Ley!

Salvadas las lógicas distancias, quizá no sea muy diferente de aquella nuestra situación actual. Se han multiplicado las opiniones...; el pluralismo, en sí sano y necesario, no pocas veces crea un cierto confusionismo y hasta indiferencia. Por eso puede venirnos muy bien la pregunta por lo principal. Es un síntoma de madurez personal y social formularse este tipo de preguntas, y no distraerse con preguntas accidentales y anecdóticas. Pues si no nos preguntamos por lo esencial, tampoco encontraremos la respuesta fundamental y esencial. Hay que esencializar la vida y en la vida con preguntas esenciales.

Pero esencializar no es tender a lo mínimo sino a lo íntimo. Es delimitar, y no solo limitar; es precisar el objetivo y lo objetivo desde las prioridades del Evangelio. Es alcanzar esa zona de silencio que permite escuchar la voz de la verdad sin tergiversaciones. Una esencialización cualitativa.

En la vida cristiana lo esencial es Dios, tal como nos lo ha revelado Jesucristo. Y lo esencial de Dios es su Amor. Hay que retornar de esa dispersión, de esa diáspora existencial en que vivimos, interiormente disgregados, para vivir lo esencial y hacerlo visible: el amor de Dios y al Dios Amor.

Y ¿cuál es la respuesta de Jesús? “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser” (Mt 22,37). Es decir con un amor total. ¿Y podemos decir que amamos a Dios así?

Cuando apenas le dejamos un resquicio en nuestra vida, cuando en nuestro tiempo casi no hay tiempo para Él, cuando nuestro corazón está saturado de tensiones, rencores, frivolidad, ambiciones..., ¿podemos amar a Dios con todo el corazón?

“Amarás a Dios...”, y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39). No opone ni contrapone; no separa; no establece ni siquiera un antes a Dios y luego al prójimo. Se trata de un amor contemporáneo: amar a Dios en el prójimo y amar al prójimo en Dios.

Y si el amor de Dios no puede ser teórico, tampoco el amor al prójimo. Las exigencias del amor son la práctica de la justicia y de la misericordia. Esta es la caridad, o una manifestación seria de la misma.

El amor al prójimo no puede reducirse a un sentimiento, aunque deba ser sentido. El amor al prójimo no puede ser solo limosna superflua...; implica solidaridad, fraternidad, perdón... ¡Obras son amores! Por lo menos ya lo sabemos, la respuesta fundamental es: AMARÁS.
Domingo montero, capuchino

martes, 9 de enero de 2018

QUE EL SEÑOR TE BENDIGA

Hemos comenzado un nuevo año, y con él, una vez más expresamos muchos buenos deseos y proyectos. “Año nuevo, vida nueva”, solemos decir, y es verdad. Volvemos nuestra mirada hacia el pasado y reconocemos que hemos vivido días y experiencias que nos muestran nuestras debilidades y limitaciones. Hay momentos en la vida en los que nos sentimos frágiles y débiles. Personas necesitadas de la cercanía y ayuda de otras. En otros momentos, en cambio, nos vemos fuertes y capaces de vencer cualquier problema que surge.

A lo largo de los días experimentamos la complejidad, la dificultad, pero también nuestros logros y satisfacciones porque acertamos con lo mejor de nosotros mismos. Como personas creyentes, ese acierto va unido a la cercanía de Dios en el día a día. De ahí que tengamos la sensación de acertar con lo que Dios quiere de nosotros. Todo esto es una confirmación de la complejidad que hay en nuestro ser, de la complejidad en las relaciones y del reconocimiento de que la vida no es fácil para nadie.

El inicio de un nuevo año, es el momento para reflexionar acerca de todas las metas alcanzadas en el año acabado o en el que acaba de empezar. Para muchas personas es un tiempo de nostalgia al ser conscientes de la velocidad a la que pasan los días. Para otras, es una oportunidad para celebrar y plantear nuevos objetivos. Éstos son días de mensajes de buenos deseos. Frases serias o divertidas nos sirven para desear salud, dinero y amor para los próximos 365 días.

Los comienzos del año son días de bendición. Días para desear el bien. De distintas formas pedimos a Dios que en este año crezcamos en santidad, felicidad, humanidad, fraternidad, en autenticidad… Que dejemos los miedos que nos paralizan y nos esforcemos por superar todos esos tropiezos y obstáculos que nos impiden continuar con paz y serenidad. Le pedimos que Él nos reconforte en los momentos difíciles y tristes, nos fortalezca en los momentos de abatimiento y nos ayude y consuele en cada instante de nuestra vida.

Al iniciar el año me gusta escuchar, en la celebración de la Eucaristía, la primera lectura del libro bíblico de los Números, que recoge las palabras de bendición al sacerdote Aarón y al pueblo (Nm 6, 22-27). Para nosotros es la bendición de san Francisco de Asís. Que estos mismos deseos y palabras os acompañen también a vosotros, a vuestras familias y a todas las personas que sentís cercanas: “El Señor te bendiga y te guarde. Te muestre su rostro y tenga misericordia de ti. Te mire benignamente y te conceda la paz. Que el Señor te bendiga”.
Benjamín Echeverría, capuchino

sábado, 6 de enero de 2018

LAS TRES PREGUNTAS

Dicen que ha nacido un niño
para salvarnos a todos.
- ¿Un niño para borrar
el miedo de nuestro ojos?
- ¿Un niño para incendiar
la guarida de los ogros?
- ¿Un niño para cegar
nuestro corazón de lobo?
(Y aunque es chico, llora -dicen-
para que no estemos solos)

Ángel Mendoza


jueves, 4 de enero de 2018

LA NAVIDAD DE LOS DESEOS

Muchos comercios de Valladolid lucen unos carteles con unos regalos dibujados, donde aparece escrito: “Pide un deseo. Es Navidad”. Parecen querer comunicar que tus deseos pueden ser satisfechos con un regalo que compres. Es la dinámica propia de nuestra cultura que se hace más evidente en Navidad. Creemos que nuestros deseos profundos pueden ser satisfechos con objetos. Corremos continuamente tras deseos pasajeros que nos dejan insatisfechos. Nos llenamos de productos cosméticos que nos prometen belleza; de ropa que nos hace estar a la moda; de tecnología que nos propone novedad y comodidad; de comida que nos produce placer: pero seguimos insatisfechos. Buscamos huir desesperadamente del aburrimiento, la falta de sentido, el miedo al vacío, etc. Y no lo conseguimos.

Pero a la vez los deseos son unos de nuestros motores vitales, y deberíamos preguntarnos por qué anhelos merece la pena luchar.

Entiendo que es importante discernir los deseos banales, de aquellos que son esenciales, para desde ahí, cultivar los segundos y no desesperar persiguiendo los primeros. Pero lo que es más importante, creo que los deseos superficiales esconden detrás de su máscara un deseo esencial palpitando, un deseo auténtico que no alcanzamos a descifrar. Detrás de cada deseo puede haber otro mucho más profundo, que si somos capaces de descubrir, autentificará nuestra búsqueda y la despejará de maleza.

Voy a poner un ejemplo personal. Soy un goloso y en la tardes de trabajo preparando materiales en el ordenador, el cansancio despierta en mí el deseo de dulces. Además es un deseo que no se satisface con poco, y aunque coma un yogurt, unas pastas, el ansia de dulce continúa. Pero si hago un trabajo de prospección para ver qué hay detrás de ese deseo encuentro, que después de varias horas donde no he hecho otra cosa que trabajar, mi persona necesita saber que en la vida existe algo más que ser eficiente, y busca un placer. Pero si sigo profundizando encuentro que detrás de esa pretensión de placer hay una búsqueda de sentido, una necesidad de encontrar que la vida no es plana, que mi existencia tiene una orientación, que no está abocada al vacío, aunque el trabajo desmedido parezca decirme lo contrario. Es decir, muchas veces, detrás de la apetencia de dulce, en mí hay un deseo más profundo de búsqueda de sentido. Reconociendo esta realidad he descubierto que ese deseo aparente de dulce lo puedo saciar también con una buena lectura o con un rato de oración serena, que iluminan y dan significado a lo que voy viviendo.

Y esto puede ocurrir también con otros deseos aparentemente superficiales: detrás del deseo de ser aplaudido puede haber una necesidad de reconocer la propia dignidad personal; detrás del deseo sexual o de la necesidad de agradar puede haber una búsqueda de cariño; detrás del ansia por la comida puede encontrarse una huida ante el vacío personal, etc.

Esta relación entre los deseos banales y el deseo profundo lo expresa muy bien Javier Melloni: “Estamos atravesados de deseos, con un anhelo permanente de algo más. Deseos de toda forma y especie: luminosos y oscuros, alcanzables e imposibles, ágiles y obsesivos, permitidos y prohibidos, atávicos y sutiles, siempre nuevos y siempre antiguos. Deseos que desde su aparente dispersión, son expresión de una única pasión: vivir, (…) que tiene su origen en el ser mismo de Dios”. Como muy bien titula su libro, esos deseos banales nos remiten a “El Deseo esencial”, es decir, al deseo de Dios: “Nos creaste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín).

Javi Morala, capuchino